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DEL PATRONATO DE LA ALHAMBRA Y GENERALIFE

01 noviembre 2021

Palacio de Cetti Meriem

La Gran Vía constituye el más claro ejemplo de cómo una ciudad sintió la necesidad de transformar su propia estructura urbana.
En 1890 se plantea la construcción de la Gran Vía. Por estas fechas Granada era una de las capitales de provincia con mayor población y más alta renta per cápita, mientras que seguía siendo una ciudad con estructura prácticamente medieval, de calles angostas, tortuosas y en muchos casos sin salida. Además, la ciudad sufría un gran problema pues al no haberse sustituido a tiempo sus viejos sistemas de conducción de aguas, de alcantarillado y de pavimentación de calles, era causa de una insalubridad que provocaba un alto índice de mortalidad. Ante esta situación un grupo reducido de empresarios emprenden la construcción de una gran calle que resolvería muchos de los problemas que la ciudad tenía, así pues, la salubridad, la necesidad de facilitar el tráfico en el interior de la ciudad y las ventajas que se derivarían para la clase trabajadora, constituían tres grandes razones para acometer la reforma.

Esta calle que llevaría el nombre del descubridor de las Américas, debía ceñirse al ábside de la Catedral, uniría el centro de la ciudad con el Triunfo y haría desaparecer la red de callejuelas que constituían la zona más insalubre e infecta de la ciudad. En el proyecto se especificaba que no debían demolerse edificios nuevos o notables por el arte o por la historia, ninguna iglesia ni convento. No obstante, la piqueta se llevó edificios de considerable interés artístico e histórico tales como la Casa de los Inquisidores, la Casa de Siloé, el Palacio de Cetti Meriem y el Colegio de San Fernando, edificios que en su momento fueron verdaderamente notables, pero que cuando se proyecta la construcción de la Gran Vía estaban casi abandonados y prácticamente en ruinas.

El Palacio de Cetti Meriem era conocido también como Casa de los Infantes, por haber sido propiedad de los Infantes de Almería, familia emparentada con la dinastía nazarí, cuya hija Cetti Meriem se casa con Pedro Venegas, que adopta el nombre de Ridwan Bannigas.

Palacio construido a finales de siglo XIV o principios del siglo XV, se organizaba en torno a un patio rectangular, con su eje mayor en dirección norte-sur, enmarcado por dos pabellones porticados en los lados menores, mientras que el centro del patio probablemente estuvo ocupado por una alberca.

La fachada de este palacio fue rehecha totalmente en el siglo XVI, se le añade una gran galería de arcos y una monumental cornisa como remate.

A finales del siglo XIX este palacio se había transformado en una casa de vecinos, almacén y por último en un taller de carpintería.
Eruditos e investigadores como Valladar, Seco de Lucena, Gómez Moreno, Almagro Cárdenas denunciaron la perdida de edificios de gran interés histórico-artístico, pero será a partir del artículo de Leopoldo Torres Balbás “Granada: la ciudad que desaparece”, publicado en 1924, cuando se tome conciencia de la desaparición de edificios de gran interés, con gran perjuicio para la ciudad. Y será gracias a la Comisión de Monumentos que realizará un estudio descriptivo e ilustrado, con levantamiento de planos, fotografías y calcos de las yeserías antes de que se llevará a cabo el derribo, por la que conocemos parte de la estructura. Aquellos elementos artísticos que se consideraron de interés fueron llevados al Museo Arqueológico Provincial y de aquí, en la década de los setenta pasan a formar parte de los fondos de lo que iba a ser el Museo Nacional de Arte Hispanomusulmán, donde actualmente se conserva en el denominado posteriormente Museo de la Alhambra.

El elemento arquitectónico más rico de los conservados, es la portada de la sala baja sur, instalada en lo que iba a ser Museo Nacional de Arte Hispanomusulmán en la Huerta de Fuentepeña. Compuesta por un gran arco de medio punto, de perfil angrelado y con intradós decorado con mocárabes, las albanegas presentan una ornamentación de superposición de atauriques. Destaca el escudo de la dinastía nazarí (escudo de la banda). Sobre dicho arco hay tres ventanas con celosías caladas de trama geométrica con ruedas de lazo de dieciséis, la central más menuda que las laterales. Entre ellas se intercalan cuatro paneles verticales con motivos vegetales, todo a su vez rodeado por un alfíz con epigrafía cursiva.

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