HISTORIAS DE MUJERES
Isabel II y la Alhambra: orientalismo y mecenazgo
RESUMEN: Isabel II mostró interés por las decoraciones de la Alhambra desde que era niña, cuando le enviaron algunas reproducciones de paneles de yeso. Más adelante trabó buena relación con Rafael Contreras, de quien fue indiscutible mecenas y a quien protegió frente a sus críticos. Ese mecenazgo se tradujo tanto en su nombramiento como “restaurador adornista” de la Alhambra como en el encargo de un gabinete orientalista que regaló al rey consorte en el palacio de Aranjuez (Madrid). Guiada por Rafael Contreras, visitó la Alhambra y el Generalife en 1862.
ABSTRACT: Isabella II showed an interest in the decorations of the Alhambra since she was a child, when she was sent several reproductions of plaster panels. Later, she developed a close relationship with Rafael Contreras, serving as his undisputed patron and protecting him from his critics. This patronage resulted in both his appointment as the “ornamental restorer” of the Alhambra and the commission of an Orientalist cabinet that she gave as a gift to the King Consort at the Palace of Aranjuez (Madrid). Guided by Rafael Contreras, she visited the Alhambra and the Generalife in 1862.

NOMBRE: María Isabel Luisa de Borbón y Borbón-Dos Sicilias (Isabel II)
PALABRAS CLAVE: restauraciones, orientalismo, celebraciones reales
CRONOLOGÍA: nació en Madrid 1830 y murió en París en 1904. El hecho biográfico aquí analizado se desarrolla entre 1839-1868
RESEÑA BIOGRÁFICA
Tras la muerte de Fernando VII en 1833 fue proclamada heredera su hija Isabel, que era una niña de tres años. Contra este nombramiento se pronunció su tío Carlos, que aspiraba a suceder a su hermano y alegaba que la tradición obligaba a elegir un hombre. Aunque Fernando VII había abolido la ley Sálica, Carlos, con el apoyo de los ultramontanos, se proclamó rey, mientras que Isabel fue apoyada por los monárquicos reformistas y los liberales. Enfrentados en guerra civil, la primera etapa del reinado de Isabel II, bajo la regencia de su madre María Cristina, fue turbulenta. Isabel II fue declarada mayor de edad en 1843, cuando tenía catorce años. Dos años después se casó con su primo Francisco de Paula. Es entonces cuando empieza de manera efectiva un reinado que se prolongará hasta 1868.
La reina Isabel II con los Reales Alcázares de Sevilla al fondo, retratada por José Galofre y Coma Museo del Prado
PRIMER CONTACTO CON LA ALHAMBRA
En 1839 el gobernador de la Alhambra, José Espila, envió a Isabel II varios dibujos y siete vaciados de las yeserías de la Alhambra. Estas gustaron tanto a la reina, una niña entonces, que decidió se les buscase una ubicación adecuada. Fue el primer contacto de la reina con las ornamentaciones de la Alhambra.
La noticia del interés de la reina por los bellísimas y exóticas ornamentaciones nazaríes debió circular por Granada y llegar a los oídos del joven artista Rafael Contreras Muñoz. En 1841 este comenzaba a trabajar junto a su padre, el arquitecto José Contreras Osorio, en las restauraciones de la Alhambra. Su misión en estos trabajos fue la de reproducir yeserías, tarea en la que pronto demostró una gran habilidad. Consciente del interés que había por las ornamentaciones de la Alhambra, pensó en realizar una reproducción “de todo el alcázar árabe” y empezó a labrar una minuciosa copia en yeso a escala 1/9 de la Sala de las Dos Hermanas. Con una acertada visión de futuro, Rafael dirigió en mayo de 1846 a la reina una memoria sobre la maqueta que estaba realizando de la “bóveda mas interesante, mas grandiosa, la mas sublime que se ha construido por el hombre” —atrevida afirmación para alguien que no había salido de Granada—. Decía en la memoria que le había impulsado a realizar esta maqueta el deseo de “aventajar a los extranjeros” que la habían dibujado hasta ese momento. Declaraba además que su trabajo despierta ya la admiración de muchos viajeros que le proponen elaborar salas de estilo nazarí en sus residencias. Rafael Contreras se ofrecía a la reina para “formar un diseño del género de estancia que se le exigiese” para alguno de sus palacios. Aseguraba que el costo no sería excesivo, aunque el resultado estaría entre “los mas magníficos que se pueden apetecer”, pues “no se parece en nada a lo que hoy se está construyendo en los Palacios mas suntuosos del mundo”. El célebre escritor Alexandre Dumas pudo comprobar la calidad de la maqueta en el otoño de 1846 cuando visitó su casa en la placeta Cuchilleros; los elogios que vertió en su libro De París a Cádiz, muy difundido por Francia y de inmediato traducido al español, contribuyeron a lanzar al joven granadino.
Tras cinco años de trabajo, Rafael Contreras concluyó su maqueta el 1 de mayo de 1847 y el 23 de junio fue trasladada al palacio Real de Madrid en un costoso viaje pagado por el real patrimonio, aunque el artista no se desplazó a la capital hasta septiembre. Allí el artista granadino entabló una excelente relación con la joven Isabel II, hasta el punto que logró su exención del servicio militar y fue nombrado restaurador adornista de la Alhambra, puesto que no existía en ninguno de los sitios reales, ni siquiera en el Alcázar de Sevilla que tantas similitudes tenía. Además, el real patrimonio pagó por la maqueta la elevada suma de 20.000 reales al “distinguido artista”. La maqueta fue destinada, por decisión de la propia reina, al Museo del Prado, donde podía ser admirada como la mejor reproducción de un espacio de la Alhambra realizada hasta la fecha.
No quedó aquí el mecenazgo de Isabel II hacia Rafael Contreras, pues le hizo un encargo muy especial: construir un gabinete árabe en Aranjuez para su esposo, el rey consorte Francisco de Asís.
El gabinete árabe, inspirado en la sala de las Dos Hermanas, se iba a construir inicialmente en el Palacio Real de Madrid, pero Narciso Pascual y Colomer, el más influyente arquitecto español de la época, logró convencer a Isabel II de que era preferible hacerlo en el palacio de Aranjuez. Esta intromisión dio comienzo a una mala relación con el restaurador granadino, en la que podemos encontrar tanto una actitud celosa del arquitecto ante el ascenso fulgurante del restaurador, como una torpe arrogancia por parte de este.
Como estudiara la historiadora Nieves Panadero, la construcción de la conocida como sala de Fumar del palacio de Aranjuez iba a ser más complicada de lo inicialmente previsto y daría lugar a un espacio diferente a la sala de las Dos Hermanas, con nichos en los ángulos, bóveda de mocárabes a menor altura, y ornamentaciones de yeso de nuevo diseño y con intensa policromía. Para hacerse cargo de la importancia del presupuesto inicialmente asignado, 208.364 reales, baste pensar que con ellos podrían haberse sufragado obras en la Alhambra durante veintiún meses. Los gastos, sin embargo, desbordaron las previsiones y en enero de 1849 los trabajos se suspendieron para abrir una investigación. Narciso Pascual y Colomer emitió un durísimo informe reprochando lo innecesariamente costosa que estaba resultando la construcción, los elevados honorarios del granadino y los limitados méritos de alguien a quien tachaba de simple “obrero”. No podemos menos que dar alguna razón al arquitecto cuando nos enteramos de que Rafael mantenía empleados en la obra a su padre José Contreras, a sus hermanos Francisco y José Marcelo, y a su cuñado José Medina, todos los cuales cobraban generosos sueldos diarios. Paralizadas las obras, Rafael Contreras volvió a Granada desde donde escribió a la reina una carta en la que pedía la reanudación de los trabajos en el gabinete de Aranjuez y se presentaba a sí mismo no solo como un “artista”, sino como el “único regenerador después de algunos siglos de esa Arquitectura singular que posee V. M. en la Alhambra”.
En octubre le comunicaron a Rafael Contreras que podía reanudar las obras del gabinete árabe, pero bajo unas condiciones que el orgulloso restaurador aceptó a regañadientes. Para empezar se recortaba el presupuesto, con lo que había que simplificar el proyecto; peor aún fue que se le encargara al arquitecto Domingo Gómez de la Fuente que supervisara los trabajos. Este arquitecto tampoco iba a simpatizar con el granadino y además introdujo importantes reformas en el diseño, incluidos unos nichos en los ángulos que denotaban influencia de las mezquitas de El Cairo. Si el restaurador adornista logró conservar su puesto y sueldo fue indudablemente por el apoyo directo de la reina.
“Gabinete árabe” en el Palacio de Aranjuez (Madrid), Patrimonio Nacional
ISABEL II EN LA ALHAMBRA
Dado el interés que la reina había demostrado por la restauración de la Alhambra y por el arte nazarí no es de extrañar que en la Alhambra se planteara la posibilidad de elevarle una estatua. En 1857 se propuso poner una escultura de Isabel II en la plaza de los Aljibes, para lo cual se pidió dictamen a Nicolás del Paso Delgado, Manuel Borén y José Martín. Pero la iniciativa debió carecer de respaldo económico en la deprimida Granada de la época, y no se volvió a saber de este proyecto.
Un lustro después, todas las autoridades de la provincia se iban a movilizar cuando llegó la noticia de que la reina tenía la intención de visitar Granada durante el otoño. La Real Maestranza de Caballería decidió organizar un baile en la Alhambra, por lo cual el gobernador provincial encargó a varios ingenieros un informe sobre el estado de la ciudadela, y en particular el patio de los Leones. Los ingenieros propusieron obras demasiado contundentes, para las que no había plazo suficiente de ejecución y que podían ser perjudiciales para el monumento. Esto puso de manifiesto que pese a todos los trabajos realizados, el patio de los Leones seguía presentando deficiencias estructurales. En septiembre llegó a la ciudad el arquitecto del real patrimonio José Segundo Lema para ver el patio y encontró que tenía la suficiente solidez para realizar el baile sin riesgo, y pidió que no se tocara nada.
El viaje de la reina formaba parte de una ruta por Andalucía que buscaba acercar la monarquía a la población y acabar con la imagen de institución distante y ajena a las preocupaciones del pueblo. Los fastos que se prepararon en Granada aspiraban a establecer un vínculo de Isabel II con la reina Isabel la Católica y comparar el reciente triunfo colonial en Marruecos con la conquista de Granada en 1492.
La reina y el rey consorte llegaron a los límites de la provincia de Granada el 9 de octubre de 1862. Allí había levantado la Diputación una tienda de campaña de estilo renacentista. El día 10 los monarcas entraron en la ciudad mientras la torre de la Vela anunciaba con repiques de campana su llegada. En varias plazas y calles había templetes y arcos triunfales en estilos renacentista y gótico. Al día siguiente, la reina, en un calculado golpe de efecto, firmó un decreto para la restauración de la Alhambra.
Los distintos actos políticos, religiosos y sociales programados retrasaron la visita a la ciudadela nazarí a la noche de su segunda jornada en la ciudad, que coincidía además con el cumpleaños de la reina. Esa noche estaba previsto el baile que los aristócratas de la Real Maestranza de Caballería celebraban en su honor. Elegir la noche era algo recurrente en las visitas de miembros de la familia real debido a que la impresión de los jardines y salones árabes a la luz de la Luna, las velas y los faroles era extraordinariamente sugestiva y evocadora.
La noche del 11 de octubre fue la fiesta en la Alhambra. Los paseos fueron engalanados con arcos de los que pendían faroles venecianos, y se iluminaron las torres Bermejas, la torre de la Vela y la puerta de la Justicia.
En el patio de los Arrayanes se pusieron candelabros y en el centro del estanque una pequeña escultura representando a Isabel la Católica, labrada por Antonio Marín. Los muros desornamentados se decoraron con colgaduras orientalistas. El salón del trono se convirtió en sala de baile y la orquesta se situó en la sala de la Barca. El patio de los Leones se destinó al banquete, colocando en la sala de las Dos Hermanas la mesa para los monarcas.
Al día siguiente, y acompañada de Rafael Contreras, Isabel II recorrió la Alhambra mientras el restaurador le explicaba la historia del monumento y los trabajos acometidos para su conservación. Además de las salas y patios del palacio, se acercó a los talleres de restauración, próximos al patio de los Leones. Visitó también los jardines del Generalife, donde se abrió un camino de carros bajo una sugestiva bóveda de laurel.
Invitada por el banquero Carlos Manuel Calderón, que la acompañó durante su estancia en la ciudad, visitó también el carmen de los Mártires, propiedad del rico financiero. En él se habían realizado costosos trabajos de jardinería.
El día 14 concluyó la estancia de la “segunda Isabel” en la “brillante y suntuosa corte de los emires Naseristas”. Los organizadores de los itinerarios habían estimado que a la reina le interesaría lo mismo que había fascinado a los viajeros románticos, esa afortunada fusión de reliquias árabes, exuberante vegetación y dilatados paisajes.
El viaje real a Andalucía fue seguido por el británico Charles Clifford, un pionero fotógrafo profesional que estaba recorriendo España desde 1852. Su labor se tradujo en un álbum titulado Recuerdos fotográficos de la visita de SSMM y AARR a las provincias de Andalucía y Murcia en setiembre y octubre de 1862, que contaba con excelentes fotos de la Alhambra. Por otra parte, la visita a Granada fue relatada, e ilustrada con grabados, en el folleto Crónica del viaje de sus majestades y altezas reales por Granada y su provincia en 1862, que redactaron Eduardo de los Reyes y Francisco Javier Cobos. Ninguna visita real a la Alhambra había sido antes documentada con tanta precisión.
El patio de los Arrayanes decorado con motivo de la visita real de Isabel II a la Alhambra en 1862 (grabado publicado en Crónica del viaje de sus majestades y altezas reales por Granada y su provincia en 1862, que redactaron Eduardo de los Reyes y Francisco Javier Cobos
EPÍLOGO
La reina Isabel II demostró durante todo su reinado un indudable interés por la Alhambra que se tradujo en la adquisición de maquetas, la realización de un gabinete orientalista para su esposo en Aranjuez y, por supuesto, en la restauración de la propia Alhambra. En esto fue hija de su tiempo. Burgueses y aristócratas de toda Europa, incluidos los zares rusos, construyeron gabinetes árabes. La moda traspasó el atlántico y llegó a América.
Que el mecenazgo de Isabel II fue determinante en la carrera de Rafael Contreras no pasó desapercibido a sus contemporáneos, ni siquiera a los extranjeros. La viajera inglesa lady Herbert (1866) escribió: “La restauración de este palacio sin igual ha sido llevada a cabo por la actual reina, que lo ha puesto en manos de un artista de primer orden llamado Contreras”. Y se felicitaba de ello, porque “esta confianza ha sido bien otorgada, ya que es imposible contemplar un trabajo mejor realizado y de una forma más perfecta, siendo muy difícil distinguir entre las partes antiguas y las nuevas”.
Hoy esta buena opinión no es compartida por la historiografía, que ve en Rafael Contreras un hábil empresario y diseñador de salas orientalistas, pero un restaurador demasiado preocupado por la ornamentación y poco por la solidez de la Alhambra, y muy dado a añadir ornamentos sin una adecuada documentación y conocimiento de la complejidad de la arquitectura nazarí. En cualquier caso ningún monarca, si se exceptúa al efímero José Bonaparte, había mostrado tanto interés por la Alhambra desde tiempos del emperador Carlos V.
La caída de Isabel II por la revolución de septiembre de 1868 estuvo relacionada con la venta ilegal de bienes del real patrimonio. La reina hubo de marchar al exilio y el nuevo gobierno inició una desamortización de bienes del real patrimonio que afectó a la Alhambra. Tras tiras y aflojas entre el ministerio de Hacienda, partidario de enajenar el mayor número de fincas, y el ministerio de Fomento, empeñado en defender el conjunto histórico, la Alhambra fue declarada monumento nacional en 1870, aunque varias casas y huertas del recinto fueron vendidas en subasta.
PARA SEGUIR CONOCIÉNDOLA
1. Profundiza en la realización de gabinetes árabes en la España y la Europa de la segunda mitad del siglo XIX: localiza algunos ejemplos y señala los puntos en común con el que se construyó en Aranjuez.
2. ¿Siguió Rafael Contreras trabajando en la Alhambra tras la caída de Isabel II en 1868?
3. Investiga sobre otras visitas reales a la Alhambra. ¿Qué espacios de la Alhambra se utilizaron durante estas? ¿Se añadió mobiliario de carácter orientalista?
PARA SABER MÁS
BARRIOS ROZÚA, Juan Manuel. Alhambra romántica: los comienzos de la restauración arquitectónica en España. Granada: Editorial Universidad de Granada, 2016.
DÍEZ JORGE, María Elena. Alhambra en femenino: espacios y lugares. Granada: Patronato de La Alhambra y Generalife, 2O25.
BURDIEL, Isabel. Isabel II. Una biografía (1830-1904). Madrid: Taurus, 2010.
GONZÁLEZ PÉREZ, Asunción. Las maquetas de la Alhambra en el siglo XIX: una fuente de difusión y de información acerca del conjunto Nazarí (tesis doctoral). Madrid: Universidad Autónoma de Madrid, 2017.
LÓPEZ-BURGOS, María Antonia. Siete viajeras inglesas en Granada (1802-1872). Granada: Editorial Axares, 1996.
PANADERO PEROPADRE, Nieves. “Recuerdos de la Alhambra: Rafael Contreras y el gabinete árabe del Palacio Real de Aranjuez”, Reales Sitios, 122, (1984) pp. 33-40.
REYES, Eduardo de los & COBOS, Francisco Javier. Crónica del viaje de sus majestades y altezas reales por Granada y su provincia en 1862. Granada: Imp. de D. Francisco Ventura y Sabatel. 1862 (facsímil editado en Granada: Ediciones Albaida, 1994).
RODRÍGUEZ DOMINGO, José Manuel, La restauración monumental de la Alhambra: de Real Sitio a monumento nacional (1827-1907) (memoria de licenciatura). Granada: Universidad de Granada, 1996.
AUTORÍA Y FECHA: Juan Manuel Barrios Rozúa (Universidad de Granada), 27 de febrero de 2026





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