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DEL PATRONATO DE LA ALHAMBRA Y GENERALIFE

21 mayo 2021

La Rawda de la Alhambra. Cementerio real

Rauda (final). Ambito central con tumbas antes de cubrir (2001)
Rauda (final). Ambito central con tumbas antes de cubrir (2001)

Toda dinastía además de fundar palacios o una ciudadela, que la hace reconocible a los ojos de sus súbditos y al resto de contemporáneos, también suele crear un mausoleo o lugar común de enterramiento de los miembros más destacados. De ese modo se visualiza la unidad y la continuidad de la familia o del grupo que ostenta el poder frente a otros. Ambas cosas forman parte del aparato de imagen y propaganda utilizado por los nazaríes en la Edad Media: por un lado fundaron y construyeron palacios en la Alhambra, frente a Granada a los ojos de los habitantes de la ciudad, y cuando ya estuvo consolidada la continuidad dinástica, un panteón funerario conocido como la Rawda.

El topónimo tiene el significado literal de ?jardín? pero su uso en muchos casos derivó para designar un lugar de enterramiento acotado espacialmente y con arquitectura asociada, rodeado de zonas ajardinadas. Debió existir uno en la maqbara de la Sabika pero al que nos referimos se encuentra al noroeste de la mezquita mayor de la Alhambra, separada de la Casa Real por la calle Real Baja, que actúa a su vez como foso entre ésta y los palacios del Partal. La fecha de su fundación es imprecisa, siendo atribuida por unos a Ismail I, es decir a principios del siglo XIV, y a Muhammad V por otros. Antes de su construcción Muhammad I, fundador de la dinastía en el segundo cuarto del siglo XIII y constructor de parte de los edificios de la Alhambra, fallecido en enero de 1273 fue sepultado en el cementerio de la Sabika, mientras que su sucesor, Muhammad II, fallecido el 8 de abril de 1302, según Ibn al-Jatib “fue enterrado en una tumba aislada en el panteón de sus antepasados, al este de la Mezquita Real, en los jardines contiguos a la Casa Real”. Este hecho no fue secundado por los siguientes sultanes y Muhammad III, que fue destronado por su hermano Nasr el 14 de marzo de 1309 y murió asesinado en enero de 1314, fue sepultado junto a su abuelo, en el panteón familiar de la Sabika. El nuevo rey -Nasr- falleció en medio de los conflictos internos que sacudieron al reino en el primer cuarto del siglo XIV, cuando se encontraba “desterrado” en Guadix, siendo enterrado en la mezquita de su alcazaba hasta que fue trasladado al panteón familiar, también en la Sabika. Le sucedió Ismail I quien accedió al trono tras la sublevación que protagonizó contra el anterior y realizó importantes campañas militares en las tierras del Alto Guadalquivir, destacando el asedio de Martos en 1325. Tras esta campaña fue asesinado en su casa real siendo inhumado en la Rawda de la Alhambra. A partir de él parece que todos los sultanes siguieron utilizando el cementerio real de la Rawda. Al menos tenemos la certeza de que fueron enterrados allí Muhammad IV, Yusuf I, posiblemente Muhammad V y Yusuf III.

Puerta de la Rauda

De lo expuesto es posible que la anomalía de que Muhammad II esté en este sitio y no en el panteón familiar de la Sabika tenga que ver con la intencionalidad de Ismail I de afianzar su legitimad en el trono al ser nieto del hijo de Alhamar, quien posiblemente pudo trasladar la sepultura de su abuelo hasta el nuevo panteón. En este caso es el fundador de la Rawda y todos sus sucesores siguieron utilizándola después.

Tras la conquista de Granada, Boadbil exhumó los restos de sus antepasados y los trasladó consigo en el exilio hasta una rawda que poseía su mujer en la alquería de Mondújar, a los pies del castillo que había mandado construir su padre, Muley Hacén. A partir de esta época el edificio en la Alhambra fue utilizado como casa de vecinos en época castellana, arruinándose con el paso del tiempo.

Cúpula de la Puerta de la Rauda

El re-descubrimiento del panteón real lo hizo Mariano Contreras en 1887, pero fue Leopoldo Torres Balbás quien en 1925 lo excavó y recuperó.

Se trata de un edificio de planta rectangular orientado de Sureste a Noroeste, que en su centro conserva un espacio cuadrado, probablemente una qubba abierta por sus laterales, cubierto con una cúpula, en cuyo subsuelo hay tres tumbas. Se accede desde la calle Real por medio de un arco de herradura ligeramente apuntado, festoneado y con paños de sebka de ladrillo en las albanegas, dando paso a un pequeño vestíbulo que conducía de forma directa al interior del panteón. En el extremo noroeste hay tres vanos que se corresponden con tres estancias ocupadas la central con dos tumbas y los laterales con una cada una. Al sureste de este edificio había otro espacio acotado a modo de jardín que cuando fue excavado se encontraba completamente ocupado por fosas de antiguas tumbas, lo mismo que el interior del mausoleo. En total se identificaron unas setenta, de forma trapezoidal, con una profundidad de 1 a 1,5 m, todas vacías, salvo una.

Tumbas centrales en ambito de pilares emergentes Rauda (2001)

Entre los años 1999 y 2000 fue objeto de una nueva excavación, en este caso de apoyo a la restauración de la Rawda. Durante estos trabajos apareció una nueva sepultura y se pudieron analizar algunos detalles del edificio y de las excavaciones del propio Torres Balbás. La consolidación y el tratamiento de sus estructuras es la que le confiere el aspecto actual en donde se ha priorizado la identificación del espacio central del mausoleo y la localización de aquellas tumbas que por su posición parecen las de mayor rango social. En el Museo de la Alhambra se conservan algunas de las lápidas, epigrafiadas unas y otras no, que pertenecieron a algunas de las tumbas reales.

EL DESTINO FINAL DE LOS RESTOS DE LOS SULTANES TRAS LA CONQUISTA

Pero, ¿qué pasó con los restos exhumados por Boabdil de sus antepasados y vueltos a enterrar en Mondújar? Este hecho histórico lo conocemos gracias a una serie de documentos que estudió M. Gómez Moreno y algunas referencias conservadas con el paso del tiempo que aún, muy avanzado ya el siglo XVI, reconocían en Mondújar el lugar donde fueron de nuevo enterrados. Según esto, al partir el rey destronado hacia su señorío en Laujar de Andarax, falleció su mujer, que fue sepultada en una rawda en esta alquería, junto con los restos de sus antepasados. Este lugar es lo que hoy se conoce como el Cerrillo de Mondújar, que queda a la izquierda cuando bajamos a la costa. De hecho existe una maqbara islámica y en el propio castillo, que está en la parte más alta, durante el periodo cristiano se reutilizaron los bordillos y estelas funerarias de dicho cementerio.

La Rauda de la Alhambra

Al hacer la autovía, en el año 1998 y 1999 se hicieron una excavaciones arqueológicas en las que se constató que, en primer lugar, el cementerio ya había sido destruido parcialmente cuando se hizo la antigua carretera, y en segundo lugar que existía una maqbara muy singular y especial, con sistemas de enterramiento muy complejos u ortodoxos, junto con numerosas sepulturas en cuyo interior no aparecieron restos humanos. En su día se planteó la posibilidad de que estuviéramos en el lugar donde fueron enterrados los restos trasladados de la Alhambra, pero no se encontraron evidencias para poder corroborarlo, como hubiera sido amontonamientos de huesos o sin articulación anatómica. Nos queda la duda de si fueron destruidos cuando se hizo la primera carretera o si Boabdil volvió sobre sus pasos para llevárselos consigo cuando embarco definitivamente para Fez. En cualquier caso, lo cierto es que no se han conservado restos de la antigua dinastía nazarí.

Autor del artículo: Ángel Rodríguez Aguilera

Para saber más:

Las excavaciones del año 1925 fueron publicadas por el arquitecto en: TORRES BALBÁS, L., Paseos por la Alhambra. Una necrópolis nazarí: la Rauda, Archivo Español de Arte y Arqueología, nº6, 1926.

En cuanto a los datos históricos que apuntan al traslado de los restos hasta Mondújar es indispensable GÓMEZ MORENO, M., El cementerio real de los nazaríes en Mondújar, Al-Andalus, VII, 1942, pp.269-281.

El proceso de restauración de la Rawda se puede seguir en SALMERÓN ESCOBAR, P., y CULLELL MURO, M., La Rauda de la Alhambra. La memoria del lugar como base de la intervención, Cuadernos de la Alhambra, nº36, Granada, 2000, pp.71-110.

En cuanto a las excavaciones arqueológicas en Mondújar, nunca llegaron a publicarse con detalle y solo hay un pequeño avance en RODRÍGUEZ AGUILERA, A., BORDES GARCÍA, S., y QUERO ENDRINO, F., El programa de medidas correctoras de impacto arqueológico de la autovía Bailén-Motril. Tramo Dúrcal-Ízbor, Bibataubín, 2, Granada, 2001.

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