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DEL PATRONATO DE LA ALHAMBRA Y GENERALIFE

07 enero 2013

El Candil de Montefrío

El Candil de Montefrío, pieza de la exposición permanente del Museo de la Alhambra

En el siglo XI los Almorávides procedentes del norte de África aprovecharon la debilidad de la taifa zirí de Granada, tomaron los territorios de Andalucía Oriental, entre los que se encontraba la actual zona de Montefrío, y los integraron en su imperio. Pocos restos materiales procedentes de Montefrío se conservan de este periodo histórico, pero uno de ellos, un bello candil de bronce, ha llegado hasta nuestros días y forma hoy parte de la exposición permanente del Museo de la Alhambra.

El término candil proviene del árabe qandîl, palabra que deriva del latín candela. Herederos de las antiguas lucernas romanas, eran lámparas de mano que iluminaban a través de la combustión de una grasa vegetal como el aceite.

El candil era un elemento que formaba parte del ajuar doméstico de la casa hispanomusulmana. Pero además del importante sentido práctico y funcional de estos objetos, tenía un valor simbólico. La luz representaba el Bien y el poder sobre las tinieblas de la noche, como recuerdan las aleyas coránicas; era símbolo de la fe del creyente y ejemplo de una religiosidad que impregnaba el ámbito del hogar islámico. Con este sentido místico fue también creado el Candil de Montefrío.

Generalmente los candiles hispanomusulmanes se elaboraron en cerámica popular sin decoración; sin embargo, el candil de Montefrío pertenece a una tipología de lámparas destinadas a las clases acomodadas; por ello se realizó en bronce y fue bellamente ornamentado. Elaborado por fundición, mediante un molde de núcleo de arena y posteriormente cincelado, este candil andalusí es un alarde de habilidad técnica y decorativa. Morfológicamente se compone de una serie de partes claramente diferenciadas: el embudo, el depósito, la piquera, el asa y la peana. El embudo, o gollete de gran altura, tiene forma troncocónica invertida y se usaba para verter el aceite; debía tener una tapa hoy perdida y de la que sólo queda un pequeño resto del comienzo de la bisagra. El depósito circular, o cazoleta, recogía el combustible que servía de alimento a la mecha. La piquera destaca por su importante desarrollo en forma de quilla de barco con base redondeada; en el extremo más próximo al depósito presenta un reflector que evitaba que el portador se deslumbrara. Del asa sólo se conserva el arranque formado por un anillo circular de un tamaño que permitía que se pudiera pasar un dedo; situada en la parte posterior del cuerpo facilitaba la sujeción y transporte del candil. Y por último la peana, con un anillo de solero muy desarrollado y hoy mutilado, daba estabilidad a la pieza y permitía que pudiera ser depositada.

Su funcionamiento se basaba en la combustión del aceite a través de una mecha o torcida de hilo de algodón. El amplio desarrollo de la piquera permitía que la mecha se expandiera para proporcionar mayor radio de luz al tiempo que estaba en contacto con el depósito de combustible. Era habitual que se echara sal gorda en el aceite para avivar la combustión y que se usara una despabiladera para atizar y limpiar la mecha.

La lámpara montefrieña, a pesar de sus mutilaciones, es uno de los candiles hispanomusulmanes más sobresalientes por su refinamiento y ornamentación.  Destaca por la perfección de su vaciado y acabado, y por la gran belleza de la decoración gráfica, lineal y floral. El candil sigue modelos decorativos originarios de oriente, con motivos epigráficos y vegetales que recorren gran parte de la superficie de la pieza. El depósito de aceite está formado por franjas decorativas entre las que destaca la central, con figuras zoomórficas entre decoración vegetal estilizada; similares motivos florales están también presentes en la base. En el embudo la decoración es igualmente vegetal, pero de desarrollo vertical, con palmas, tallos y hojas lanceoladas. Por su ornamentación diferenciada destaca la piquera, con cartela epigráfica en cúfico a cada uno de sus lados y en la que se puede leer la jaculatoria “bendición completa”. Aunque el asa está incompleta, la comparación con otros candiles similares hace suponer que tendría gran desarrollo y estaría  probablemente compuesta por una figura animal. La función de iluminación de los candiles, y su sentido práctico e imprescindible en la casa hispanomusulmana, se combina en esta lámpara montefrieña con el interés por crear una pieza de cuidada manufactura que no sólo era un objeto utilitario, sino que también representaba los valores y la religiosidad de un determinado estrato social. Bibliografía: ? AAVV (1995): Arte Islámico en Granada. Propuesta para un Museo de la Alhambra. Editorial Comares. ? Fernández-Puertas, Antonio (1975): Candiles epigrafiados de finales del siglo XI o comienzos del XII, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, XXIV, fasc. 1º. ? Gómez-Moreno, Manuel (1951): Arte árabe español hasta los almohades. Arte mozárabe, Ars Hispaniae, Historia Universal del Arte Hispánico, vol. III. ? Roselló Bordoy, Guillem (2001): El ajuar de las casas andalusíes. Editorial Sarria. ? Torres Balbás, Leopoldo (1957): Candiles con soporte, Al-Andalus, XII, Crónica Arqueológica de la España Musulmana XL. ? Pérez Higuera, Teresa (1995): El primer mudéjar castellano: Casas y palacios, J. Navarro Palazón (Ed.): Casas y palacios de al-Andalus: Siglos XII y XIII.

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Icono comentario 2 comentarios

  1. Icono avatar

    Alberto Sanna / 5 years ago

    ¿ se puede obtener una reproducción ?

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