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DEL PATRONATO DE LA ALHAMBRA Y GENERALIFE

31 mayo 2022

Cómo se restauró la puerta de la sala de los Abencerrajes de la Alhambra

¿Os habéis preguntado cómo es el trabajo de un restaurador?, ¿Qué hace exactamente? Generalmente se habla de la actividad restauradora con respeto y admiración, pero pocos conocen los detalles de esta bella labor; cuales son los criterios, qué acciones se realizan exactamente sobre las obras de arte, qué materiales o herramientas se emplean… Este breve artículo tratará de arrojar un poco de luz y entendimiento tomando como ejemplo la restauración de la puerta de la sala de los Abencerrajes de la Alhambra, llevaba a cabo en el verano de 2011.

Al enfrentarnos a un trabajo de restauración de una obra de arte, lo primero que haremos será un estudio histórico-artístico de la misma, así como un análisis profundo de su estado de conservación que nos permitirá conocer los materiales empleados en su realización, así como las patologías generadas a lo largo del tiempo, diferenciar si posee partes añadidas o no originales. Para ello se realizan, desde simples exámenes visuales, hasta complejos análisis químicos, estratigráficos, etc. Al amparo de los cuales podremos averiguar la naturaleza de los pigmentos utilizados, el número de capas de barniz u otros protectores, además de conocer así si pertenecen originalmente a la obra o han sido añadidos posteriormente en un intento de lograr una mejor conservación o recuperación de los daños producidos por el paso del tiempo.

Pasemos a ilustrar lo mencionado anteriormente en nuestro ejemplo de forma breve y resumida:

La puerta de la sala de los Abencerrajes es una puerta de madera de grandes dimensiones (5 metros de altura) situada en el lado sur del Patio de los Leones de la Alhambra (Granada), frente a la Sala de las Dos Hermanas. Da acceso a la Sala llamada de los Abencerrajes. Consta de dos hojas y dos postigos y está decorada, por ambas caras, con el denominado sistema ataujerado, es decir; con listones de llamados lazos y zafates colocados sobre la tablazón. Los lazos dibujan trazados geométricos y los zafates son las piezas poligonales montadas en los huecos que deja el dibujo del lazo. Además, están talladas con motivos vegetales y policromadas con vivos colores como turquesas, rojos y blancos.

Ejemplo de carpintería hispano-musulmana de lazo.

Fue construidaen el reinado de Muhammad V, en la segunda mitad del siglo XIV, y siendo tan longevas y habiendo sufrido vicisitudes varias, traslados y reparaciones a lo largo de siete siglos, hoy continúan en el lugar para el que se crearon.

Una característica destacable de la construcción de esta puerta, que pudimos descubrir al estudiarla e intervenirla, es que, a diferencia de otras decoraciones similares encontradas en el monumento de la Alhambra, los zafates tallados y policromados que la cubren por ambas caras no están clavados a la tablazón si no machiembrados a los lazos, esto es; en los bordes de cada pieza existen unos salientes del mismo material madera de su constitución que encajan por detrás de los bordes de los lazos, estos últimos clavados a la tablazón. De este modo, y sin usar adhesivo o cola alguna, permite que estas piezas decorativas puedan soportar los movimientos que sufre la madera de forma natural con los cambios de temperatura y humedad relativa ambientales. No olvidemos que el patio en el que se ubican se encuentra abierto al exterior sin techar, sufriendo así las variaciones mencionadas.

Como podréis imaginar, en sus aproximados 7 siglos de existencia, este imponente artefacto ha sufrido, además del implacable paso del tiempo, diferentes intervenciones. Encontramos sustituciones de fragmentos estructurales, también zafates y lazos nuevos, aplicación de aceites que al deteriorarse han oscurecido la superficie, golpes y desperfectos, pérdidas de las capas pictóricas decorativas…

Los deterioros más graves los encontramos en las partes bajas que, además de estar más expuestas al clima, se encuentran más “a mano” y accesibles y por tanto más susceptibles de ser tocadas o intervenidas. Por este motivo, la policromía original había desaparecido totalmente. Además la madera tallada de los zafates, había sufrido roces y estaba muy desgastada, perdiendo en gran medida su aspecto original. Sin embargo, sólo contadas piezas habían desaparecido. Las partes altas, más protegidas al estar más cerca del techo del corredor y alejadas de la mano del hombre, conservaban más restos originales.

Entrando en materia de la intervención directa sobre la obra, es necesario aclarar que no siempre que se habla de restauración hay que entender la completa restitución o reposición de cualquier elemento faltante de la obra. En este caso las actuaciones fueron encaminadas a la conservación de la originalidad del bien sin añadir o completar piezas o policromías perdidas, respetando las reposiciones de material soporte realizadas en otras épocas, como son los grandes injertos que encontramos en la estructura de la puerta. Estando bien ejecutados e integrados, estos injertos, se respetan y mantienen ya que forman parte de la historia material del bien.

Una vez valorado el estado de conservación, la decisión tomada en cuanto a los tratamientos a realizar fue: limpieza y protección. A colación de esto último cabe destacar que éste es uno de los criterios restauradores más importantes: mínima intervención posible.

Para realizar la limpieza de aceites y barnices oscurecidos, tras realizar los test pertinentes, se eligió una mezcla de químicos efectiva contra la suciedad, pero inocua tanto para la obra como para los restauradores, que se habría de aplicar, dejar actuar unos minutos, y retirar, neutralizando la acción del agente limpiador con una mezcla de químicos diferente a la empleada en la limpieza. Al realizar la restauración in situ (sin desmontar la puerta de su ubicación), el trabajo sobre la superficie vertical dificultaba la aplicación de la mezcla en estado líquido, por lo que se optó por usar papel absorbente como interfaz, permitiendo así mantener la humectación durante el tiempo necesario para ablandar la suciedad y poder retirarla con facilidad.

Actuación de agentes limpiadores a través de papeles absorbentes.Camera

Al aclarar la superficie, con la mezcla neutralizadora, nos ayudamos de papeles secantes y pequeños hisopos (finos palillos de bambú provistos de una pequeña cantidad de algodón enrollada en uno de sus extremos) para poder arrastrar y eliminar cualquier resto de suciedad incluso de las zonas más recónditas.

El resultado de la limpieza fue verdaderamente espectacular, como se pudo observar. Aparecieron colores ocultos durante siglos, recuperándose así la lectura correcta de la policromía original de la pieza.

Restos de la rica policromía original.

Cuando hablamos de protección final, nos referimos al barniz. Entre los muchos tipos existentes en el mercado aplicados a la restauración de obras de arte, optamos por un barniz con protección contra rayos ultravioleta lo que le da un valor añadido ya que, además de las características comunes de estos productos, salvaguarda la obra intervenida de la acción degradante de los rayos del sol directos o indirectos (reflejados desde las losas de mármol del suelo del Patio).

Proceso de limpieza. Diferenciación de zonas limpias (arriba) y otras sin intervenir (abajo).amera

El estado de conservación previo a la intervención, procesos de trabajo, estado después de la restauración, materiales y herramientas usados… Todo, debe quedar fielmente documentado en una memoria que servirá para realizar futuros estudios o facilitar nuevas intervenciones, si fuese necesario.

En cada trabajo de restauración o conservación encontraremos peculiaridades y materiales muy diferentes y, por lo tanto, distintas necesidades con soluciones realmente sorprendentes. Herramientas que van desde simples bisturíes hasta complejas máquinas generadoras de rayos láser. Productos diseñados, en ocasiones, para otro tipo de industrias, acaban utilizándose en la actividad restauradora gracias a sus especiales características.

Al tratarse de una labor multidisciplinar, participarán en ella arquitectos, historiadores, químicos, albañiles, diseñadores gráficos y un largo etcétera de profesionales.

El acercamiento a este tipo de intervenciones, es sin duda, un pozo sin fondo para el enriquecimiento tanto de expertos como de profanos.

Autor del artículo: Juan Ramón Fernández Roldán (Conservador-restaurador).

Breve reseña curricular.

Juan Ramón Fernández Roldán, natural de la ciudad de Granada (España) y nacido en 1978, cursó la carrera universitaria de Bellas Artes. Se especializó en la rama de Restauración Escultórica, en la promoción 1997-2001.

En sus más de 20 años de carrera profesional, ha podido participar en las restauraciones de importantes obras del patrimonio histórico-artístico del conjunto monumental de la Alhambra y Generalife, como: las pinturas sobre cuero de la Sala de los Reyes, el alfarje ataujerado del Oratorio del Partal, las puertas chapadas (en hierro, latón y cobre) de la fachada de Comares, el techo de madera y vidrio del mirador de Lindaraja, o la fachada poniente de la puerta del Vino.

También trabajó en la conservación de la cúpula de la catedral de Granada, el Camarín de la Virgen del Rosario en la iglesia de Santo Domingo de Granada, así como en lienzos de significativos pintores como José de Ribera, Alonso Cano, José Risueño y Fray Juan Sánchez Cotán.

Esculturas en piedra de Juan Cristóbal, piezas de madera y piedra para el museo de la Alhambra se encuentran también su currículum.

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