La Restauración de las pinturas murales de la Puerta del Vino

La Puerta del Vino constituye uno de los hitos más singulares de la arquitectura nazarí. Marca la frontera entre el área militar y la palatina y parece que su origen se remonta a la primera década del S. XIV durante el gobierno de Muhammad III. Si bien sucesivas remodelaciones como la llevada a cabo por Muhammad V han ido variando su fisonomía hasta llegar a nuestros días.

Actualmente, resulta difícil entender su funcionamiento como “control de acceso a los palacios”, pero lo cierto es que formaba parte de un complejo sistema de circulación y defensa junto a la desaparecida “Puerta Real de la Alhambra” y la vaguada natural, a modo de foso, que fue rellenada por el Conde de Tendilla para la construcción del gran aljibe en 1494.
Por otra parte, las obras del Palacio de Carlos V, iniciadas a partir de 1528, alteraron de forma importante el entorno, como demuestran las excavaciones próximas a la puerta y llevadas a cabo en la época de Torres Balbás en las que se halló material de relleno proveniente del Patio de Machuca.
Todas estas circunstancias, unidas a los efectos de la habitabilidad de su planta alta, y al efecto de la humedad transmitida por la Acequia Real –que discurre bajo su arco- han ocasionado el deterioro paulatino de la puerta, siendo por ello objeto de numerosas intervenciones.
En su interior una bóveda de arista ojival acoge las pinturas murales que han sido objeto de la actual intervención. Las pinturas, con diseño de origen nazarí, contienen un repertorio decorativo amplio y heterogéneo. Una simulación de aparejo de ladrillo decora la totalidad de la bóveda de arista y el intradós de los arcos que la flanquean. Por su parte, los cuatro frentes interiores se adornan con dibujos de tono rojizo que son reconocibles en otros espacios de la Alhambra, como por ejemplo el Cuarto Dorado. Del mismo color es el llagueado y ornamento de las dovelas alternas que conforman los arcos interiores -que dan cierre a los nichos del cuerpo de guardia- con una abstracción vegetal en su frente.
La aparición fortuita durante la intervención, entre el muro de tapial y el yeso de la moldura, de una moneda de 2 maravedíes de época de Carlos II acuñada en la ceca de Granada en 1686, obliga a fecharla con posterioridad a este año, al que por otra parte corresponde el repertorio decorativo de la moldura.

La zona objeto de intervención destacaba por la presencia de graves patologías como sales, separación de estratos, disgregación del soporte y capa pictórica, grietas y fisuras; y por la cubrición de la capa pictórica con mortero, repintes, así como la presencia de costras, manchas de hollín etc que ocultaban la superficie original e impidían la lectura de la obra.

Tras la realización de los estudios y pruebas pertinentes se procedió a actuar sobre las distintas alteraciones que afectaban a las pinturas murales. Una de las fases de restauración más significativas fue la limpieza, que consistió en la eliminación de aquellos estratos de suciedad, costras y capas de pintura superpuestas que sacaron a la luz motivos que habían permanecido ocultos. Se utilizaron métodos combinados de limpieza mecánica, química y física según las zonas. La tecnología láser, por su fiabilidad y eficacia, permitió la conservación de las pátinas, policromías y revestimientos originales.

La Restauración de las pinturas murales de la Puerta del Vino
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