La técnica del cordobán

La técnica del cordobán

feb 20, 2019

Las pieles trabajadas y curtidas han sido un material empleado desde antiguo para crear prendas de vestir, mobiliario o complementos. Al curtir una piel  y transformarla en cuero se consigue un material apropiado para la fabricación de piezas, resistente y elástico. Dependiendo de la calidad de este cuero y de los tratamientos decorativos se podían conseguir diferentes  tipos de acabados de distinta calidad.

Dos de las técnicas de tratamiento artístico del cuero de mayor prestigio son el guadamecí y el cordobán. La primera emplea la piel de carnero curtida, labrada, pintada e incluso plateada o dorada. Se utilizaba de manera estética o suntuaria, para el interior de arquetas y cofres, para cubrir estuches, hacer tapas de libros, forrar sillas o elaborar elementos religiosos como retablos o frontales de altar. El cordobán utiliza la piel de cabra o macho cabrío curtida, más fuerte que la de carnero lo que le proporciona mayor uso utilitario. Se suele emplear para elaborar calzado, guantes, sillas de montar o recubrir mobiliario. En ocasiones se repujaba, grababa o pintaba para conseguir mayor suntuosidad.

En la Península Ibérica ambas técnicas fueron introducidas a partir del siglo VIII por los musulmanes, siendo Córdoba su inicial y gran centro productor y la ciudad que da el nombre a la técnica del cordobán. Algunas fuentes árabes hacen referencia a los cueros cordobeses, como  Al-Maqqari, que recuerda que el músico Ziryab recomendaba “comer sobre pequeñas bandejas de cuero mejor que sobre mesas de madera, debido a la mayor limpieza de aquéllas, siendo más fácil quitar la suciedad del cuero que de la madera“. También cita que cuando  Abderramán III entró en Córdoba al regresar de una expedición iba con un  “rico arnés de cuero labrado y dorado con que llevaba enjaezada la yegua blanca del desierto que montaba

Pronto la técnica se extendió a otras ciudades y aparecieron importantes centros creadores como Sevilla, Barcelona, Toledo o Valencia

El trabajo del cordobán implicaba en primer lugar el proceso de curtido de la piel que permitiera su transformación y la hiciera adecuada para trabajar con ella, dotándola de resistencia, fuerza y mayor incorruptibilidad.  En las Ordenanzas que deben guardar los curtidores de suela, cordobán y badanas y demás curtidos de este arte, aprobadas por Carlos V, y confirmadas más tarde en Madrid el 25 de agosto de 1695, se describe este proceso. Las pieles se lavaban, cocían y desengrasaba en una serie de baños, y se curtían con zumaque, un arbusto con un alto contenido en taninos que le conferían propiedades como curtiente.

Darles tres reolladuras de agua clara y se a de volver la flor afuera y darles otra reolladura para meterlo en la tinada, echándole a cada piel una cuartilla de zumaque, y se an de meter a curtir con agua clara templada y en rodándola una hora con su flor de zumaque nuevo, que serán hasta una arroba en flor en cada baño, estando abierto se irá recogiendo e igualando dándole mas recebo mas de zumaque  y se an de rodat otras dos horas para que corte el grano“.

Las ordenanzas regulaban también la profesión y establecían una serie de normas y prohibiciones para asegurar la calidad de los procesos, los artesanos que podían dedicarse a la misma y las reglas que regían la posesión de una tenería. De hecho, la calidad de los cueros españoles de la época no fue alcanzada en ningún otro punto de Europa, lo que hacía que fueran apreciados y exportados. Estatutos de los Oficios de 1380 de Paris se mencionaba este hecho y se decía: “Había en la villa de París gran abundancia de cordobán de España, que es el mejor curtido de todos”.

Una de las principales aplicaciones de la técnica del cordobán fue la fabricación de zapatos, pues la resistencia de la piel utilizada la hace adecuada para este fin. Los zapatos realizados con cordobán tenían prestigio por su calidad, pues esta técnica aseguraba unas piezas ligeras y cómodas para el uso; elásticas y que se adaptaban bien al pie, algo importante en un momento en el que no había diferencia de horma entre un pie y otro y el zapato debía adaptarse con el uso; y durabilidad por el tratamiento dado a la piel. Era así uno de los cueros más caros,  con un acabado suave y brillante, por lo que solo las personas de clase alta podían acceder a él. Las piezas de más prestigio se podían engalanar con labrados, repujados o brocados.

De los cueros hispanomusulmanes son pocos los que han llegado hasta nosotros, un ejemplo de ello son los zapatos del ajuar de Boabdil. Estas babuchas o  rihiyya están hechas en piel con la técnica del cordobán y cosidas con lino, forman parte de la colección del  Museo del Ejército de Toledo.

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Imagen: © Museo del Ejército – Ministerio de Defensa

 

Durante los siglos XVI y XVII la técnica del cordobán se afianzó en los talleres mudéjares que continuaban con la tradición hispanomusulmana y adaptaban la técnica a los gustos y la moda de la época.  La calidad del calzado realizado en este material dio lugar a que existiera una gran demanda fuera de la península y la exportación originó una carestía en España y un encarecimiento de los precios. Las pragmáticas reales trataban de paliar esta situación  prohibiendo la exportación, prohibiciones que no fueron del todo efectivas pues el calzado español siguió vendiéndose en mercados internacionales.

En las Ordenanzas de Málaga de 1611 se habla de los zapatos hecho con “obra prima”, que empleaban los cueros cordobanes para su fabricación, y que se diferenciaban de los zapatos de “obra gruesa” que empleaban otras pieles como las de becerro. El calzado de obra prima tenía un color marrón muy oscuro o negro, y, en modelos de mayor lujo y elegancia, podían ser  blancos. Las piezas de obra prima se podían además forrar por dentro con telas de diferentes calidades como grana, tafetán, terciopelo o seda.

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En el Museo de la Alhambra  hay piezas mudéjares realizados con la técnica del cordobán que muestra la calidad alcanzada en este técnica. Ejemplos de este calzado son estos zapatos de pala, en los que la parte delantera del empeine se eleva hacia el tobillo, de principios del siglo XVI decorados con incisiones en espiga. Este tipo de zapato será muy común en esta centuria y en la siguiente, siendo un modelo utilizado por todas las clases sociales y variando categoría de los mismos en función del cuero y de las decoraciones utilizadas.

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Otra pieza realizada con esta técnica es este ejemplar de botín, otro modelo común durante los siglos XVI y XVII.

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O este alcorque del siglo XVI cerrado por delante y con labor de repujado es igualmente otro ejemplo el que se ha aplicado el cuero cordobán.

 

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Estas piezas muestran la calidad de esta técnica y el esmero con el que fue trabajado el cuero, que ha pervivido hasta nuestro días.

 

 BIBLIOGRAFÍA

MARINETTO SÁNCHEZ, P. CAMBIL CAMPAÑA, I. El calzado en el siglo de oro. En La moda española en el Siglo de Oro. Catálogo de exposición. Junta Castilla y La Mancha, 2016. pp 91-101-.

FERRANDIS TORRES, J. Cordobanes y Guadamecíes. Catálogo ilustrado de la Exposición. Madrid 1955. Sociedad Española de Amigos del Arte.

SOLER i COLOMER, A. El cordobán y el guadamecí, en El Arte en la piel. Catálogo de la exposición de la Fundación Central Hispano, 1998.

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