Los tres grandes poetas de la Alhambra

Los tres grandes poetas de la Alhambra

mar 21, 2019

La poesía fue un género literario que se desarrolló de manera significativa en época nazarí y ejemplo de ello son los muros de la Alhambra, decorados con versos epigráficos  que muestran el gran florecimiento de este arte. Estas descripciones poéticas monumentales fueron realizadas por tres importantes poetas, secretarios de la cancillería real y primeros ministros de la corte granadina: Ibn al-Yayyab (1274-1349), Ibn al-Jatib (1313-1375) e Ibn Zamrak (1333-1393), cada uno es maestro del siguiente. En sus casidas exaltan la figura del sultán desde una mirada oficialista, alaban sus hazañas y muestran referencias históricas o religiosas. Pero también se realizan ricas metáforas sobre los propios significados de los espacios arquitectónicos que albergan la poesía, poemas en los que la epigrafía “habla” en primera persona y ensalza o describe el lugar o elemento en que está inscrita o especifica incluso su uso y función.

Estas poesías monumentales que hoy vemos en las yeserías de la Alhambra combinan la función ornamental propio de la epigrafía árabe con un contenido poético, que aparece entre otras inscripciones votivas, coránicas o jaculatorias. Ello hace que el monumento granadino sea un libro arquitectónico, un espacio único que plasma la obra de estos tres poetas y perpetua su legado.

Conocemos a estas figuras de la Alhambra nazarí, estos líricos cuyas poesías se recrean en los muros de la Alhambra.

Ibn al-Yayyab 

El primer representante de esta saga es Ibn al-Yayyab. Poeta y político, nació en Granada en 1274 y alcanzó el título de   doble visir de la corte nazarí, siendo la máxima autoridad tras en sultán y ejerciendo el poder en ausencia de éste.

Ibn al-Yayyab sirvió durante casi 50 años a seis sultanes nazaríes: Muhammad II, Muhammad III, Nars, Ismail I, Muhammad IV y Yusuf I. Comenzó su servicio como funcionario en la etapa de Muhammad II, un sultán interesado en la cultura y en la poesía que incluso compuso sus propios poemas,  y ocupó el puesto de jefe de la oficina de redacción instaurada por el monarca. Con él se inicia una etapa poética que continuará en primer lugar su discípulo Ibn al-Jatib y el discípulo de éste, Ibn Zamrak.

Su producción poética se basa sobre todo en casidas regias, panegíricos es los que ensalza la figura del gobernante y promotor y eran dedicadas al monarca en festividades, eventos o alardes militares. También escribió elegías y epitafios poéticos para  Muhammad II y Muhammad III, así como una serie de poemas en los que lamenta el fallecimiento de su hijo Abu Al Qasim.

Sus casidas son neoclásicas con una métrica uniforme.

Uno de los lugares donde sus creaciones están presentes es la Torre de la Cautiva, una torre-palacio que,  junto al Salón del Trono del Palacio de Comares, alberga uno de los más completos programas decorativos de la Alhambra. Se realizó en uno de los momentos de mayor esplendor del arte nazarí, bajo mandato del sultán Yusuf I.

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En este espacio hay cuatro poemas atribuidos a Ibn al-Yayyab plasmados sobre las espectaculares yeserías de los muros. En cada de los cuatro ángulos se sitúan estos versos epigráficos que recorren el espacio alrededor de cuatro cartelas lobuladas con inscripciones coránicas en cúfico.

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Estos poemas describen con metáforas la espectacular ornamentación de toda la estancia  y alaban la figura y la dinastía del monarca Yusuf I.

Torre entre las torres grandiosa, 

corona de la que la Alhambra está orgullosa.

Calahorra nos parece y dentro encierra

un luminoso palacio de ardiente fulgor.

Tiene excelentes labores en simétricas

proporciones  de pares e impares.

La fábrica de azulejos de sus muros y el suelo

son como maravillosos brocados.

(…)

 Traducción de José M. Puerta Vílchez.

También se le atribuyen dos composiciones de la Torre de las Damas en el Partal realizadas durante el sultanato de Muhammad III, una dedicada a Allah y otra en la que el propio espacio se muestra como un lugar de alegría y felicidad.

Otros de sus poemas se pueden ver aun hoy en las hornacinas del pórtico norte del palacio del Generalife donde se narra la gran belleza del espacio, al que compara con una novia adornada para su boda y relaciona la decoración del lugar con un jardín lleno de flores. También alaba al sultán Ismail I y ruega por su dicha eterna.

Ibn Al Yayyab murió en el año 1349, tras haber tenido una larga y próspera vida, al parecer como consecuencia de la peste negra.

Ibn al-Jatib

Abd Allah Muḥammad ibn Said ibn al-Jatib Lisan al-Din al-Salmani nació en la localidad granadina de Loja el 15 de noviembre de 1313. De familia acomodada yemedí llegó a Granada donde desempeñó destacables funciones políticas como la de jefe de la Secretaría Real, ministro y mandatario militar, primero en la corte nazarí de Yusuf I y posteriormente durante el mandato de su hijo Muhammad V. Con este sultán también ejerció como historiador, visir (tras la muerte del visir Ibn al-Yayyab) y diplomático en importantes misiones. Gracias a una virtuosa petición poética frente al príncipe, gozó de su admiración y de altos favores siendo además elevado al cargo de doble visir en la corte nazarí.

Paralelo a su vida política, Ibn al-Jatib fue un gran polígrafo que escribió más de 60 obras de diversas disciplinas: poesía, jurisprudencia, crónicas, farmacología o medicina. Fue profesor y tuvo un papel muy importante en la construcción de dos de los edificios más importantes de su tiempo: el Maristán y la Madraza.

En la Alhambra se conservan de Ibn al-Jatib los poemas que realizó para las dos tacas del arco central del Salón de Comares, ambos escritos en primera persona del singular femenino (como si la propia taca hablara) honrando al sultán Muhammad V y al lugar donde están.
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Uno de estos poemas, el de la taca derecha del marco, dice:

Con mis alhajas y mi corona a las más bellas aventajo,

y hasta mí descienden los astros del zodíaco.

El jarrón del agua parece en mí un devoto

de pie ante la alquibla del mihrab orando.

Mi generosidad en todo momento

sacia la sed y atiende al necesitado.

Es como si yo tomara los beneficios de la dadivosidad

de la mano de mi señor Abu l-Hayyay.

Luna llena permanezca él brillando en mi cielo

como en las tinieblas resplandece el plenilunio.

Traducción de José M. Puerta Vílchez.

 

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La notoriedad, influencia y riqueza de Ibn al-Jatib  generó envidias y malestares en la corte, temiendo por su seguridad el visir decidió  huir a Fez en 1360 y permanecer bajo la protección del rey meriní coincidiendo con el destronamiento del sultán Muhammad V. Cuando éste recuperó el poder, Ibn al-Jatib regresó también a Granada, aunque unos años después, en 1371,  decide marcharse de nuevo. Pero las acusaciones y envidias fueron llegando incluso  de sus  propios discípulos, como ocurrió con el poeta Ibn Zamrak que lo acusó de deslealtad al Islam.  Finalmente  fue condenado a tortura y muerte en 1374 en Fez, donde murió asesinado en prisión

 

Ibn Zamrak

Ibn Zamrak nació  en 1333, y es considerado el mejor de los poetas de la Alhambra. Llegó a  la corte granadina de la mano de su antecesor  Ibn al-Jatib, comenzando así una intensa actividad política no exenta de controversia por las acusaciones que elevó sobre su maestro.  El 1361 fue nombrado secretario privado del sultán Muhammad V y, tras la caída de Ibn al-Jatib, alcanzó el título de visir y de jefe de la oficina de redacción.

Vivió una de las más prósperas etapas constructivas del monumento nazarí y sus versos quedaron plasmados en espacios tan emblemáticos de los palacios alhambreños.

Su producción, a diferencia de su maestro  que abarcó diversos campos, se centra fundamentalmente en la  poesía,  con panegíricos en los que se ensalza la figura del sultán Muhammad V, narra sus gestas o describe las celebraciones que tenían lugar en la corte nazarí. Escribió casidas y moaxajas de corte clásico siguiendo los principios de la poesía árabe tradicional.

El palacio de Comares es uno de los lugares donde más poemas áulicos de Ibn Zamrak fueron epigrafiados. En ellos se habla fundamentalmente de Muhammad V y se ensalza su generosidad, sus hazañas, su alto linaje y su labor constructiva. Un ejemplo de ellos son los versos del pórtico norte da acceso a la Sala de la Barca y al Salón de Comares. Sobre el zocalo de alicatado que decora y protege el pórtico hay unos frisos de yesería con un poema  dividido en 12 cartelas epigráficas colocadas de forma simétrica seis y seis a cada lado de la puerta. Incluyen una alusión a la toma de  Al-Yazirat Al-Hadra (la actual Algeciras), acaecida en el año 30 de julio de 1369. Estampar esta victoria en los muros de la Alhambra era una forma de glorificar tan importante gesta y mostrar la fuerza del Islam ante el infiel. Por ello el poema está ubicado en un ámbito principal y justo a la altura de la vista.

¡Bendito sea Aquél que la tutela de Sus siervos te confió, 

procurando, a través de ti, mercedes y gracias para el Islam!

¡A cuántas ciudades de infieles de mañana llegas

 y por la tarde eres dueño de sus vidas!

Yugo de cautivos les impones

y en tus dominios te sirven construyéndote palacios.

A sable y por la fuerza Algeciras conquistaste, 

abriendo así una puerta a la victoria antes cerrada.

Antes de ella veinte fortalezas tomaste,

y a tu ejército en botín lo que contenía entregaste.

Traducción de José M. Puerta Vílchez.

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La Sala de Dos Hermanas o el Mirador de Lindaraja son otros de los espacios emblemáticos en los que los versos de Ibn Zamrak recorren sus muros. También la propia taza de la fuente del patio de los Leones recoge una poesía de este autor, así como la  fuente de Lindaraja que hoy se puede ver en el Museo de la Alhambra. En esta fuente, y a modo de banda, hay un poema  compuesto por 19 versos con dos partes: una descriptiva de la fuente y otra aduladora de la dinastía nazarí.  El poema presenta algunas lagunas ya que la talla decorativa y epigráfica está inacabada, siendo esto todo un enigma.

Logro el grado más alto en hermosura
y a los hombres de mundo mi ser pasma.
Nadie espacio más grande vio que el mío,
por igual en Oriente y Occidente,
ni rey, cristiano o árabe, tuvo antes
una fuente que a mí se pareciera.
Soy como órbita de agua que a los hombres
manifiesta reluce y no se oculta;
mar muy grande, cerrado por riberas
de bellísimo mármol escogido.
Mi agua es perlas fundidas, que por hielo
ves correr (tenlo a grande maravilla),
y, por diáfana el agua, a través suyo,
ni un instante de ti desaparezco.
Se diría que yo y el agua pura
que contengo y por mí se desparrama
masa somos de hielo, que una parte
se fundió, y otra parte no se funde.
Cuando flotan burbujas, me imaginas
una esfera en que salen muchos astros,
y, cual concha de nácar por de fuera,
junto dentro ese aljófar de burbujas.
(…)

Traducción de Emilio García Gómez.

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Ibn Zamrak  cayó en desgracia cuando Yusuf II comenzó su mandato y estuvo encarcelarado durante dos años. Aunque fue liberado, el sultán Muhammad VII ordenaría su asesinato en 1394.

Estos poemas fueron traducidos por primera vez por el morisco Alonso del Castillo durante el reinado de Felipe II y posteriormente por el Padre Echeverría en 1764. A ello le sucedió  numerosas traducciones de los viajeros románticos y de otros estudiosos y arabistas del S. XX y XXI. Esto es un ejemplo del interés y la atracción por este legado literario monumental que está plasmado en las paredes de la Alhambra.

 

BIBLIOGRAFÍA

BOSCH VILÁ, J. Ben al-Jatib y Granada. Asociación Cultural Hispano-Alemana,  Madrid, 1980.

CASTILLA BRAZALES, J. Corpus epigráfico de la Alhambra: Palacio de Comares. Patronato de la Alhambra y el Generalife, Granada, 2007.

GARCÍA GÓMEZ, EIbn Zamrak. El poeta de la Alhambra. Patronato de la Alhambra, Granada, 1975.

GARCÍA GÓMEZ, ECinco poetas musulmanes. Biografías y estudios. Espasa-Calpe, Madrid, 1959.

FERNÁNDEZ-PUERTAS, A. Los textos poéticos de Ibn al-Jatib y los coránicos del salón de Comares. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, 60. 2011, pp. 123-51.

PUERTA VÍLCHEZ, JM.  Leer la Alhambra. Guía visual del monumento a través de sus inscripciones. Patronato de la Alhambra y Generalife, Granada, 2010.

RUBIERA MATA, MJ. Ibn Al-Yayyab, el otro poeta de la Alhambra. Patronato de la Alhambra, Granada, 1982.

 

Un comentario

  1. Pedro Cano Ávila /

    Excelente!

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