Maquetas: la Alhambra en miniatura

Maquetas: la Alhambra en miniatura

nov 27, 2018

A lo largo del sigo XIX el interés romántico y orientalista por la Alhambra y su exotismo alcanza su momento de máximo esplendor, hasta el punto de que sea crea una nueva corriente arquitectónica y decorativa neo-árabe que recrea la decoración y el diseño nazarí.  El alhambrismo llegó a edificaciones nobles, hoteles, palacetes y salones de toda Europa, que se vistieron con esta nueva estética. Esto produjo una demanda de piezas que sirvieran para decorar estos espacios, principalmente paños de yeserías, copias y recreaciones que imitaban los originales nazaríes.  En este proceso una familia granadina que jugó un papel destacado: los Contreras.

Los Contreras fueron una saga familiar que durante tres generaciones estuvieron vinculados a la Alhambra. El primer miembro de esta familia fue José Contreras, arquitecto Real de la Alhambra desde 1931  y que comenzó con las intervenciones y restauraciones estilísticas. Con él se formó su hijo, Rafael Contreras, la figura más reconocida de este linaje. Rafael fue también arquitecto y restaurador, desde 1847 trabajó en la Alhambra con el título de “restaurador adornista” y desde 1869 fue director y conservador. Su etapa la Alhambra estuvo caracterizada por las intervenciones exóticas en el monumento, que buscaban más crear una imagen ideal y romántica que ceñirse a la realidad de la época nazarí. Significativa fue el añadido de de una cúpula en el templete de levante del Patio de los Leones o de una nueva taza y surtidor en la Fuente de los Leones, elementos que en el siglo XX fueron retirados para recuperar la imagen histórica. Su hijo, Mariano Contreras siguió la línea de intervención marcada por su padre, primero colaborando con él con el cargo de  arquitecto auxiliar en las obras de conservación de la Alhambra y desde 1890 sucediéndole en la dirección de la conservación de la Alhambra, labor que acometió hasta su destitución en 1907.

Para la restauración adornista llevada a cabo en la Alhambra, se creó un taller de vaciados para realizar reproducciones de las yeserías de los palacios. Promovido por José Contreras, y con el beneplácito de la reina Isabel II a la que escribió para hablarle de tal fin, se puso en marcha este taller conocido en su momento como “taller de arabescos”. Fue fundado por Rafael tras ser nombrado como restaurador adornista y estuvo funcionando de manera muy activa hasta la salida de Mariano. En el taller intervenían diferentes artesanos con gran formación divididos por oficios, entre ellos destacaron artesanos como Tomás Pérez. La función principal  de esta taller era la de realizar copias de las decoraciones de la Alhambra que sirvieran para adornar y reconstruir el propio monumento. La técnica de moldes sacados del original y la realización de vaciados permitía obtener estas copias con relativa facilidad, y no solo para las restauraciones  del propio monumento, sino también para comercializarlas y atender así a la demanda que comenzó a existir por este tipo de piezas.

El interés por el arte hispanomusulmán de Rafael Contreras le llevó también a crear maquetas en miniatura, modelos que reproducían y recreaban espacios significativos de la Alhambra. En un primer momento el objetivo de estas maquetas era la de ser una base formal y estilística para llevar a cabo los proyectos de restauración que se estaban llevando a cabo en el monumento, pero el interés que despertaron hizo que se  convirtieran también en elementos didácticos solicitadas por instituciones o museos, o como souvenirs que se vendían como elemento decorativo.

La primera de estas maquetas fue la de la Sala de las Dos Hermanas de la Alhambra, probablemente llevada a cabo para obtener el beneplácito de las autoridades sobre las obras de restauración que se iban a acometer en este lugar. Rafael Contreras informó a la reina Isabel II  en 1846 de la existencia de este modelo, y sin duda despertó gran interés en la monarca pues decidió adquirirla, pasando a continuación a formar parte del Museo del Prado y posteriormente del Museo Arqueológico Nacional, junto a otras dos maquetas de la Alhambra. La reina incluso animó al arquitecto a la realización de otras miniaturas similares.

El escritor Alejandro Dumas viajó por España en 1846 como cronista de la corte francesa recogiendo en sus escritos aquellos elementos que despertaban su interés. De esta maquetas realizada por Contreras dijo:

Entramos en su casa rogándole que nos mostrará esa reducción. Era la Sala de las Dos Hermanas reproducida con seis pies de altura, un pie y medio de largo, y cinco pies de perímetro. No había nada que decir ante esta maravilla, más que admirar la perseverancia y la paciencia de su autor. Tomé nota de su nombre; lo registré en mi cuaderno, prometiéndole que a mi vuelta a Francia informaría al ministro de este curioso trabajo, y de lograr para él una recompensa, o al menos un incentivo que un país como el nuestro debe a una obra como esta sea del país que sea.

Estos hechos comenzaron a reportar gran popularidad a Rafael Contreras. La reina Isabel le encargó también la decoración de un gabinete árabe del Palacio Real de Aranjuez, participó en varias exposiciones internacionales que le permitieron mostrar sus trabajos de vaciados y maquetas, y obtuvo distintos galardones y honores. Todo ello dio lugar a que sus creaciones fueran solicitadas por toda Europa y a que se comenzara a realizar una producción de piezas con fines ya meramente comerciales, realizando incluso un catálogo con sus modelos en miniatura. Muchas de sus maquetas se vendían como souvenirs a los turistas de mayor poder adquisitivo que visitaban Granada, otras se enviaban por encargo al extranjero.

Las maquetas en dos dimensiones, que reproducción fachadas o paramentos murales, fueron las que más se extendieron tanto por la facilidad para reproducirlas como para transportarlas. Aunque a partir de 1870, cuando Mariano Conteras adquiere más protagonismo ayudando a su padre, aumenta el número de maquetas de tres dimensiones.

La popularidad de estas piezas motivó que que en la década de los 80 surgieran otros talleres similares en Granada, con precios más económicos que los ofertados por los Contreras y facilitando que este tipo de souvenirs pudieran ser adquiridos por clases sociales menos acomodadas. Los talleres de Diego Fernández de Castro, Enrique Linares o Rafael Rus  fabricaron también estas maquetas en las que en ocasiones la calidad artística era inferior y no siempre eran copias de los espacios originales, sino recreaciones

Aunque la mayor parte de estas maquetas representaban los espacios más representativos de la Alhambra, también se hicieron miniaturas de otros monumentos hispanomusulmanes, como el Alcázar de Sevilla.

Actualmente  muchos de estos modelos reducidos se han perdido, bien por la fragilidad de los propios materiales con las que se realizaron o bien por el cambio del valor dado a estas piezas a mediados del siglo XX, pues perdieron interés como elemento didáctico en los museos siendo menospreciadas o destruidas. Las que se conservan en los museos son hoy de nuevo objeto de interés  y las que se encuentran en manos privadas codiciadas piezas en el mercado del arte.

Diversos museos en Reino Unidos y Estados Unidos tienen en sus colecciones estas maquetas, bien como fruto de compras directas en las exposiciones en las que participaron o como donación de coleccionistas privados. Por ejemplo,  el Museo Victoria&Albert (entonces South Kensington Museum) adquirió, gran cantidad de estas piezas. Se sabe que 1862 compró cuatro maquetas y en 1865 una muestra de 26 modelos arquitectónicos de la Alhambra realizados en el taller de Contreras, además de otras provenientes de otros talles. Un ejemplo de ello es esta Maqueta de la Alhambra realizada por Rafael Contreras o esta otra de la Torre de las Infantas realizada por Enrique Linares.

En la colección del Museo de la Alhambra hay varias de ellas que aquí conocemos.

Ventana doble de la fachada de Comares

Reducción que recrea una ventana del piso superior de la fachada de Comares. Está compuesta por dos vanos con arco de medio punto festoneados sustentados sobre columnitas con capiteles cúbicos nazaríes. Circunda la ventana yeserías epigráficas con el lema de la dinastía nazarí, decoración de ataurique vegetal y trazados geométricos. En el piso superior, bajo una cornisa de mocárabes, se encuentra una franja decorativa en la que destaca el escudo nazarí rodeado por decoración de lazo y de palmas vegetales.

Esta maqueta está inspirada en la restauración llevada a cabo por Contrera en esta fachada, y siguiendo esta intervención se llevó a cabo la miniatura en el taller en época de Rafael Contreras.

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Qubba mayor de la sala de Dos Hermanas.

Modelo que representa en tres dimensiones una sección de la qubba mayor de la sala de Dos Hermanas.  Corresponde al alzado completo de uno de los cuatro lados de la sala-linterna, en concreto el Este, con la puerta arqueada central de entrada a la habitación con alcoba de mano derecha según se accede a la sala-linterna desde el patio de los Leones.

Decorativamente se representa un zócalo de alicatado de tema geométrico con cintas de colores a los lados de la puerta arqueada central. Encima del zócalo corre una banda horizontal de yesería con los versos 4 al 9 del poema perteneciente a la casida del poeta Ibn Zamrak que fue recitada durante la circuncisión de un hijo de Muhammad V. A continuación figura una cenefa con el lema nazarí. El arco se representa completo, con su alfiz epigráfico -el lema nazarí en cúfico-, entre dos grandes paneles de yesería con decoración geométrica. Entre el arco y el alfiz figura una banda horizontal con caligramas cúficos que repiten ´Afiya baqiya (salud perpetua).

En el piso superior se encuentra una ventana arqueada central provista de celosía de madera entre dos trompas de mocárabe y yeserías. Bajo las trompas de mocárabe aparecen dos caligramas cúficos, en uno se puede leer Baraka (bendición) y en el otro el lema nazarí. En los triángulos entre las trompas se exhibe el lema nazarí en cursiva en dos líneas dentro de un círculo, y las eulogias Baraka y Yumn, (ventura), en cúfico. Seguidamente se alza el tambor, ornamentado con un panel de yesería con escudos nazaríes en relieve, entre dos bandas epigráficas, y cuatro ventanas por encima. Entre las ventanas figuran paneles epigráficos.

Se remata la estructura con una  parte de la bóveda de mocárabe con las adarajas pintadas y doradas que cubren este espacio a imagen del original.

Esta maqueta fue realizada por Tomas Gómez, oficial en el taller de los Contreras, en escayola con estructura de madera. Sus grandes dimensiones y la minuciosidad con la que fue trabajada muestra la maestría de Gómez. Tiene la particularidad además de ser la única maqueta conocida salida del taller de los Contreras que está firmada por alguien que no sea uno de los miembros del clan.

La pieza se realizó en seis partes que se ensamblan entre sí, lo que facilitaba su montaje.

 

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Puerta de acceso al Palacio de Comares

Maqueta en dos dimensiones en escayola pintada y dorada en las que se realizó una reproducción de una de las puertas de la fachada de Comares desde el Cuarto Dorado.

Se muestra una recreación de una puerta doble en madera tallada,  similar a otra de la Alhambra pero que como tal no debió estar en este lugar, rodeada por una representación de alicatado de tema geométrico. Las yeserías que completan la composición combinan el ataurique vegetal, la decoración geométrica y las inscripciones epigráficas, que, en general, representan con bastante fidelidad la ornamentación original de este espacio.

De esta maqueta se sabe que se realizó en el Taller de los Contreras, pero al no estar firmada ni tener etiqueta identificativa no se sabe con exactitud a qué miembro del linaje pudo pertenecer la dirección de esta obra.

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Paramento lateral del Mirador de Lindaraja

Maqueta inspirada en uno de muros laterales del Mirador de Lindaraja.

Centra la composición una ventana con arco de herradura festoneado que se encuentra en un plano más profundo, tratando de jugar con una sensación de mayor tridimensionalidad. Destaca el espectacular arco de mocárabes que está inscrito en otro polilobulado con ornamentación vegetal de palmas. El resto de las yeserías combinan decoración geométrica, de ataurique y epigráfica, que imitan con bastante exactitud el paramento de la estancia.

Existe, eso sí, una diferencia en las dimensiones respecto a este espacio de Lindaraja, pues esta reducción es más alta y estrecha que el original.

Llama la atención en esta maqueta, a diferencia del resto de las piezas vistas hasta ahora, el hecho de que las yeserías se hayan dejado sin pintar. Esta tendencia comenzó a aplicarse en el taller de los Contreras a finales del siglo XIX, con el objetivo de que las maquetas se parecieran más al estado en el cual se encontraba los espacios originales, por lo que no se le aplicaban los llamativos colores y dorados que se observan en piezas anteriores. Este cambio pudo deberse a un cambio de gusto y a un intento por crear reducciones más similares a la imagen que se tenía de la Alhambra.

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Tres piezas metálicas de maquetas 

A finales del siglo XIX, con el taller ya dirigido por Mariano Contreras, se comenzó a realizar maquetas con una técnica nueva diferente a la escayola: la galvanoplastia. Esta técnica consiste en aplicar capas metálicas a través de electrólisis y permite realizar reducciones con gran precisión en los detalles decorativos. La galvanoplastía daba a las piezas un acabado lujoso que no se realizaba en otros talleres, pues  no se conoce miniaturas con esta técnica provenientes de otros artesanos granadinos. Probablemente fue un medio usado por el taller de los Contreras para diferenciarse de sus competidores y  seguir creando así maquetas únicas, de mayor valor y exclusividad.

Un ejemplo de estas maquetas realizadas con galvanoplastia son estas tres placas que se conservan en el Museo de la Alhambra a las que se le ha aplicado este baño metálico. La pieza central reproduce un arco de mocárabes similar a los que se encuentran en el Mirador de  Lindaraja, y las dos placas laterales representan una decoración de paño de sebka propia de la Alhambra.

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Fachada del salón de Embajadores del Real Alcázar de Sevilla

Las miniaturas no solamente se hicieron de espacios de la Alhambra y hay también ejemplos de otros monumentos
 hispanomusulmanes realizados en miniatura, tal es el caso de una reducción del Real Alcázar de Sevilla.

Esta pieza representa una de las fachadas del salón de embajadores. En la parte baja se puede ver la tiple arquería de herradura de este lugar, en la parte alta hay tres ventanas con celosías  y cierra la composición el arranque de la cúpula de mocárabes. Decorativamente desarrolla un programa ornamental de yeserías en las que se combinan arcos ciegos, paneles de sebka, amplitud de formas de ataurique, decoración geométrica y trazos epigráficos. La ornamentación a imitación de alicatado de la parte baja se encuentra hoy casi perdida.

Esta pieza fue realizada por Francisco Contreras, hermano de Rafael que en su primera etapa había colaborado con su familia en las obras de la Alhambra y en el taller de vaciados. En 1869 empieza a trabajar en Sevilla en las obras del Alcázar Real, siguiendo en sus actuaciones la estética adornista promulgada por su padre y su hermano y centrándose más en los elementos decorativos que en las obras estructurales.

La maqueta la realizó en 1874 a imagen de las que se estaban haciendo en la Alhambra, utilizando los dorados y la misma gama cromática utilizados en el monumento granadino. Francisco inventa el segundo piso de la maqueta, en el que añade las tres ventanas con celosías, y elimina el balcón renacentista que se encuentra en el original, probablemente para buscar esa imagen romántica y orientalista acorde al gusto de los compradores de este tipo de piezas.

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Miniaturas de otros talleres

En el Museo de la Alhambra existen también otras maquetas atribuidas a talleres distintos a los de los Contreras. Tal en el caso de éstas que os mostramos.

 

Maqueta nazarí.

En 1874  Diego Fernández Castro crea su propio taller de maquetas en Granada y trabaja con reducciones de buena calidad técnica y ornamental. En sus piezas no siempre se reproduce un espacio concreto de la Alhambra y encontramos ejemplos que son meras evocaciones inspiradas en la decoración y en las formas nazaríes, pero que no parecen corresponder a ningún espacio concreto de los palacios granadinos.

Tal es el caso de esta miniatura en la que se representa en el primer cuerpo, y entre capitales cúbicos nazaríes a un lado y otro, un zócalo de alicatado con dos tipos de decoración geométrica y una ventana mirador con dos vanos de arco de herradura festoneado. En el piso superior están presentes dos ventanas con celosías bajo un arco de mocárabes. El resto de la decoración se compone de yeserías en las que se combina decoración geométrica, epigráfica y vegetal.

La maqueta solo tiene color en la parte del alicatado, manteniendo las yeserías en blanco para dar una imagen más próxima a la que tenía el conjunto nazarí y tal y como pasaba con las miniaturas realizadas por el taller de los Contreras de la última época.

 

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Mirador de Lindaraja

Maqueta nazarí que parece representar la parte alta del vano de entrada al mirador de Lindaraja.

Está compuesto por tres vanos con celosías separados entre si con unas franjas verticales de ataurique estilizado. Sobre ellas un friso de decoración geométrica y a los lados unos paneles longitudinales con motivos de sebka. Cierran la parte alta dos grandes frisos decorativos, el primero con epigrafía en el que se repite el lema dinámico nazarí y el segunda con ornamentación vegetal.

Aunque la pieza recuerda al mirador del Lindaraja, no reproduce con total fidelidad el espacio original y los motivos decorativos son parecidos a los que se encuentra en el Palacio de los Leones. La miniatura se no encuentra firmada por ningún artesano o taller, pero está falta de unidad no es propia de los talleres de los Contreras, por lo que es probable que se hiciera en algún otro de los talleres granadinos, en los que se buscaba más le evocación que la reproducción de un lugar concreto. La falta de color de esta pieza la sitúa a final del siglo XIX, cuando estos otros talleres estaban ya funcionado.

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Algunas de estas maquetas se pudieron ver en la exposición Owen Jones y la Alhambra. El diseño islámico: descubrimiento y visión, organizada por el Patronato de la Alhambra y Generalife y el Victoria and Albert Museum, que tuvo lugar en el Palacio de Carlos V en 2011/2012.

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BIBLIOGRAFÍA:

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