Bordillos funerarios islámicos en los edificios de Granada

Bordillos funerarios islámicos en los edificios de Granada

jun 11, 2017

En una entrada anterior hablamos de los enterramientos islámicos y de los bordillos funerarios de la colección del museo, pero mucha gente desconoce que escondidos en los muros de muchos de los edificios de Granada se pueden ver también este tipo de piezas.  Estos bordillos consisten en un piedra, generalmente calcarenita o arenisca obtenida en zonas cercanas a Granada, de forma rectangular  y que, en ocasiones, puede desarrollar salientes poligonales. Se tallaban en bajo relieve y se ornamentaban con motivos decorativos sencillos, breves inscripciones epigráficas, tramas geométricas, composiciones de arcos cruzados o formas vegetales. Se usaban para marcar de forma austera el lugar del enterramiento y era común su uso en las tumbas de la gente humilde, de ahí que fuesen muy usado en los cementerios de la Granada nazarí.

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Tras la revuelta mudéjar del Albaicín granadino en 1499 se puso fin a los tratados firmados en las Capitulaciones de Granada y se obligaba al bautismo forzoso de todos los musulmanes. Esta nueva situación dejaba sin uso a las cementerios islámicos, y la piedra utilizada en los enterramientos resultó ser una fuente de material óptima para los nuevos edificios que se estaban construyendo en la ciudad.

El primer espacio en beneficiarse de esta cantera de piedra fue el monasterio de San Jerónimo (ver ubicación), una cédula de los Reyes Católicos, fechada el 14 de abril del año 1500, otorgaba a los frailes Jerónimos la potestad de hacer uso de los ladrillos y piedras del cementerio que había juntado a la puerta de Elvira para las obras de su monasterio, y mandaban “al Corregidor e Alcaldes e otras justicias cualesquier de la dicha cibdad de Granada que les dejen e consientan sacar del dicho onsario toda la dicha piedra e ladrillos libre desembarazadamente”. Y así se hizo, de forma que si nos fijamos en los muros exteriores del monasterio es fácil encontrar piedras labradas que en realidad son estos bordillos funerarios nazaríes.

Jerónimo Münzer cuenta en su obra Viaje por España y Portugal Reino de Granada que el día  23 de octubre de 1494 “saliendo de mañana por la puerta de Elvira, por donde se va a Córdoba, nos salió al paso el cementerio de los sarracenos, que en verdad creo que es dos veces mayor que todo Nuremberg, lo que me causó mucha admiración. Me dijo don Juan de Spira, varón digno de crédito, que cada sarraceno se entierra en una sepultura nueva y propia. Construyen las sepulturas con cuatro losas de piedra, de manera que apenas si se cabe en ellas. Las cubren con ladrillos, para que no toque la tierra al cadáver. Luego se allana la fosa con tierra. De paso, llegamos luego al nuevo monasterio de la Orden de San Jerónimo, extramuros, construido hace dos años, con bastante arte, en una antigua y noble mezquita”. En sus palabras se puede ver la gran envergadura que tenía el cementerio y los materiales que en él se hallaban y se usaron en el cercano monasterio que se estaba construyendo.

 

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San Jerónimo es así uno de los edificios de Granada donde más bordillos funerarios insertos en sus muros se pueden ver. Abundan en la zona de la cabecera de la iglesia, sobretodo en las partes bajas del muro. Aunque muy deteriorados en su mayoría por el paso del tiempo, es fácil encontrar bordillos en buen estado de conservación en los que se aprecia la decoración y el trazado geométrico.

 

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En el lateral de la iglesia que da a la calle Compás de San Jerónimo también abundan estos bordillos insertos entre los muros.

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El 20 de septiembre del año 1500 fueron clausurados todos los cementerios de Granada por otra Real Cédula de los Reyes Católicos. Al quedar estos espacios definitivamente sin uso, el material de los enterramiento podía aprovecharse para alguna de las numerosas obras que se estaban acometiendo en la ciudad. En la Real Cédula del 15 de octubre de 1501 en la que se promulgaban las ordenanzas de Granada, se hacía referencia a este hecho y se permitía la utilización  de “todos los osarios que se acostumbraban enterrar moros”. Monasterios y parroquias granadinas, así como edificios civiles del primer tercio del siglo XVI se beneficiaron de esta donación e hicieron uso de un material que aún se puede ver si se recorren las calles de Granada.

Es el caso de  la iglesia de San Cristobal (ver ubicación) que se erigió como iglesia parroquial en 1501. Tiene una sola nave cubierta con bóveda de cañón, y fue levantada es un estilo gótico bastante sobrio, con elementos mudéjares como la sencilla portada o las armaduras de madera de la techumbre. Junto al San Jerónimo es otro de los espacios granadinos donde más abundan los bordillos funerarios y en sus muros exteriores son decenas las piezas que se vislumbran, tanto con decoración geométrica como epigráfica.  Actualmente esta iglesia está en proceso de restauración, por lo que no es posible contemplar los bordillos de sus muros.

Bordillos funerarios se utilizaron también en la primitiva Iglesia de San Justo y Pastor, hoy desaparecida y que estaba asentada sobre la actual plaza de la Encarnación. Anexa a esta iglesia se fundó el Convento de la Encarnación (ver ubicación) en unas casas propiedad de Inés Arias que estuvieron unidas a la citada iglesia hasta que el año 1835 fue derribada. Se salvó de la demolición una crujía de la iglesia que quedó  integrada en el convento, adecentándose a modo de fachada para darle unidad y escondiendo con ello los restos de la iglesia. Las obras que se llevaron a cabo en esta fachada el año 2016 sacaron a la luz estos restos ocultos, entre ellos unos bordillos funerarios que se habían usado en su construcción.

Actualmente estos bordillos  pueden verse en la parte alta de la fachada del convento.

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En este detalle se aprecia el buen estado de conservación en que se encuentran.

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En la entrada del Realejo, se encuentra el convento de las Carmelitas Calzadas. Fundado en 1508 fue el tercer cenobio femenino de la ciudad de Granada y cuenta con dos claustros y una iglesia. Y además en un lateral del monasterio, en concreto en el que se encuentra en la cuesta de Rodrigo del Campo (ver ubicación), encontramos también la presencia de bordillos funerarios.

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En una zona del muro exterior hay una acumulación de diversos bordillos, algunos deteriorados por el paso del tiempo pero en otros se puede apreciar perfectamente la decoración geométrica de lacería.

Hay que tener presente que estos bordillos están realizados en calcarenita y areniscas, piedras más blandas, económicas y fáciles de labrar que otras como el mármol, pero que también resisten peor el paso del tiempo y que tienden a deteriorarse con la humedad. De ahí que muchos de los bordillos presentes en edificios como éste hayan perdido prácticamente su labrado decorativo con el paso del tiempo.

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De fecha un poco más tardía, la segunda mitad del siglo XVI, es la Iglesia de San Pedro y San Pablo (ver ubicación) en el Albaicín.  Presenta planta de cruz latina con una única nave central cubierta por armadura mudéjar y dos portadas exteriores de estilo renacentista. Y en sus muros, y en esta caso algo más escondido por lo que suele pasar desapercibido para la mayoría de los paseantes que cada día pasan por la carrera del Darro, también podemos localizar uno de estos bordillos.

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No son estas las únicas iglesias granadinas con presencia de bordillos. Que también se han encontrado en la iglesia de Santo Domingo (ver ubicación), en la ermita de San Miguel el Alto (ver ubicación)  y en el Convento de Santa Isabel la Real (ver ubicación).

No solo en edificios religioso es posible ver estas piezas funerarias, pues igualmente se encuentran en construcciones civiles. Es el caso del Palacio de Carlos V (ver ubicación). De hecho, dentro del Museo de la Alhambra, en concreto en la sala II, se puede ver uno de estos bordillos insertos en los muros.

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En la misma sala, en concreto en la ventana arqueológica se puede ver un tramo de la Acequia Real de la Alhambra o Acequia del Sultán (al-sāqilla al-sultān) también están presentes bordillos funerarios procedentes de la necrópolis popular nazarí de la Alhambra, ya que estos bordillos fueron reutilizados en el siglo XVI como material para reparar y cubrir la acequia.

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No fue éste el único espacio de la Alhambra en la que se usaron bordillos como material de construcción. En la Alcazaba, en concreto en la Torre de las Armas, también fueron utilizados en los muros que sostenían la techumbre cristiana sobre el adarve.  Pero quizá el sitio más conocido en el que se encuentran estas piezas es en el muro que sube desde la puerta de la Justicia (ver ubicación), donde abundan estos bordillos a modo de sillares.

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A lo largo de todo el muro es fácil localizar alguno de los numerosos bordillos funerarios utilizados. Son en su mayoría piezas con decoración geométrica, la cual se aprecia a la perfección en algunos de los bordillos mejor conservados.

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Otro lugar en el que son numerosas estas piezas lo localizamos en el palacio de los Leones (ver ubicación), justo en la zona de salida de los palacios nazaríes y entrada en el Partal, en concreto en el muro posterior del espacio conocido como “Cocinilla“, por haberse situado ahí las cocinas reales. En toda esta pared se localizan decenas de bordillos con diversas tramas geométricas y muy buen estado de conservación en su mayoría, lo que permite apreciar las diversas ornamentaciones con las que se tallaban estas piezas.

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Como se puede ver, además de en el Museo de la Alhambra donde son varios los bordillos que se pueden conocer, las calles de Granada se convierten también en un museo en el que contemplar estas piezas. Así que ya sabéis, la próxima vez que paseéis por la ciudad recordad observar los muros, quizá os encontréis con uno de estos bordillos ornamentados.

 

 

Para saber más:

GOMEZ MORENO, Manuel: Cosas granadinas de arte y arqueología.  Imprenta La Lealtad.  1900.

TORRES BALBAS, Leopoldo: “Cementerios hispanomusulmanes”, Al-Andalus, XXII. 1975

VÍLCHEZ VÍLCHEZ, Carlos. Las lápidas anepigráficas funerarias del Museo Nacional de Arte Hispanomusulmán. Memoria de Licenciatura. 1984.

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