Sorpréndete con la otra Alhambra
Queridos blogueros, de nuevo me pongo en contacto con vosotros para comentaros algunas de las emociones que me despierta la Alhambra diariamente. Hace unos días, paseaba por la zona de la Medina, que según recoge la Guía Oficial de la Alhambra, en época nazarí fue un barrio popular artesanal con un entramado de casas, talleres y callejas semejantes a cualquier ciudad del Norte de África, y escuché en tono de gran admiración “¡Oooh!”, se trataba de un grupo de turistas asiáticos quienes escuchaban atentamente las indicaciones del guía en el momento que les señalaba una magnífica vista de Sierra Nevada con las cumbres cubiertas de un radiante manto blanco.
Es cierto, se trata de un lugar estratégico en el camino de la Medina donde se puede admirar esta estampa única en el mundo, más bella si cabe en invierno.
Pero no es la única vez que me encuentro con turistas emocionados con alguna vista del Monumento que no aparece en las típicas fotografías de los libros o postales. Por ejemplo, os puedo comentar la sorpresa que produce en los escolares la explicación del monitor del programa La Alhambra educa, cuando les habla del árbol que hay en el puente del Generalife, cerca de la Torre del Agua y lo define como “el árbol del amor”.
Otro lugar que os recomiendo es la escalera del Agua en el Generalife. Me parece fascinante como los arquitectos nazaríes consiguieron hacer un sistema de conducción del agua tan perfecto y funcional. Lograron mostrar arte y belleza donde otros solamente persiguen dar respuesta a una necesidad.
El arqueólogo de la Alhambra, Jesús Bermúdez, nos detalla su visión de este lugar: “Distribuida en cuatro tramos con tres mesetas intermedias, la esclarea va ascendiendo pausadamente bajo una bóveda de laureles, entre muros sobre los que fluyen sendos canales con agua procedente de la Acequia Real, creando con su rumor un ambiente de sosiego y de meditación”. Creo que no hay nada más que decir, solamente os invito a conocer la otra Alhambra, aquellos lugares sencillos alejados del bullicio de los Palacios Nazaríes pero llenos de encanto.