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DEL PATRONATO DE LA ALHAMBRA Y GENERALIFE

15 julio 2014

Azulejos y marmitas en la misma cocción


Durante el proceso de inventario que desarrollamos día a día en el museo nos encontramos con materiales que aportan una información especial. La huellas, muescas, improntas, arañazos, fracturas, orificios, concreciones o erosiones nos cuentan la historia de cada pieza, su función, sus reutilizaciones y, también, cómo se hicieron y en qué condiciones. Como ejemplo de ello queremos dar a conocer este pequeño conjunto de azulejos que pasaría inadvertido por la ausencia de procedencia y la poca vistosidad de su forma y decoración. Sin duda no estamos ante uno de esos fastuosos azulejos ricamente ornamentados con variedad de vidriados, aristas, relieves o elementos figurativos que tanto llaman la atención. Simplemente se trata de una serie de piezas que, con previa extracción y decantación de las arcillas, fueron moldeadas, horneadas y vidriadas. Durante el proceso de cocción no recibieron todo el cálculo necesario de las condiciones atmosféricas del horno, hecho que propició el burbujeo, corrimiento de los vidriados y adherencia de los separadores. Cuando el alfarero se apresuró a extraer la remesa del horno no debió sentirse muy afortunado al ver que todo el trabajo había sido tirado por la borda. Poco se podía hacer, su destino final fue, casi con toda seguridad, un vertedero cercano al alfar a extramuros o arrabales de la población, tal y como estipulaban los tratados de hisba y manifiesta la arqueología respectivamente. Esta idea se refuerza por la ausencia de restos de mortero en los reversos y la inexistencia de improntas de uso. Sin embargo, traemos a colación estos azulejos u olambrillas no por el desecho que suponen, sino a una de estas piezas quedó unido un pequeño fragmento de marmita. Debemos suponer que el sistema de separación de piezas en el horno falló, provocando la precipitación de unos elementos sobre otros dentro de la cámara de cocción. En la parte superior de la imagen 1 se presentan una tanda de azulejos de una producción correctamente finalizada; en la parte inferior, dos tandas de los azulejos objeto de esta breve exposición. azulejos-marmitas.141

Imagen 1. Anverso de dos conjuntos de azulejos. En la parte superior, un grupo correctamente acabado cuyos desperfectos son consecuencia de los avatares del tiempo. En la parte inferior, otro conjunto considerado como fallo de alfar. En el ángulo inferior izquierdo se observa el azulejo objeto de este post.

 

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Imagen 2. Reverso de los dos conjuntos de azulejos en con la misma disposición que la fotografía número 1.

 

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Imagen 3. Azulejo vidriado en negro al que ha quedado unido un fragmento de marmita u olla durante el proceso de cocción en el horno. Demuestra, junto con la documentación histórica, que se usaron hornos de manera conjunta entre los diferentes grupos de alfareros.

  En cuanto a la cronología de este conjunto, tanto los vidriados de los azulejos como de la marmita, parecen nazaríes. El grosor de la pared del recipiente también se asemeja a las delgadas paredes del ajuar de cocina bajomedieval andalusí. Las proporciones y dimensiones de los azulejos están en consonancia con otros conservados en el Museo de la Alhambra y que sí pueden ser fechados entre los siglos XIII y XV. Pese a estas observaciones, su adscripción cronológica se ha de tomar con cautela, pues, además del mantenimiento de los ya construidos, son conocidas las numerosísimas reformas llevadas a cabo en la Alhambra tras la conquista castellana. Estas primeras transformaciones fueron realizadas por manos moriscas. Gracias al estudio de la documentación histórica sabemos que, al menos hasta principios del siglo XVI, los alfares se mantuvieron en manos de sus dueños originales y, con posterioridad, aunque perderán la propiedad, se sigue detectando la mano de obra morisca como primaria durante todo el seiscientos. Dando por válida una cronología general para este conjunto de azulejos entre finales del siglo XIII y finales del XVI, ¿cómo se organizaban los oficios en dicha época? Durante el periodo medieval, estudiado principalmente a través de los manuales de hisba antes mencionados, existió una organización de los oficios que se admite tardía y en cuya polémica sobre si se correspondió con una corporación profesional de tipo gremial no vamos a entrar. Siguiendo a García Sanjuán, “Ibn Abdun indica… que es obligación de los síndicos de los albañiles procurar que los alfareros produzcan los tipos de tejas necesarios para los diversos tipos de construcción: pozos, hornos, solerías etc” (GARCÍA SANJUÁN: 1997). Se trata de un claro indicativo de la especialización de un grupo de artesanos dedicado a la producción de cerámica arquitectónica. En esta línea, Isabel Flores insinúa una cierta especialización de los alfareros en el siglo XII almeriense al detectar hornadas específicas de determinados tipos de recipientes como jarras o jarritas esgrafiadas (FLORES ESCOBOSA: 1999). Con la conquista del Reino de Granada en 1492, se dispone de documentación castellana generada hasta principios del siglo XVII que revela la organizaron de los alfareros en varios grupos en función de su producto manufacturado. Por un lado están los dedicados a la cerámica doméstica: olleros, tinajeros y cantareros. Los denominados “olleros” que producían en las “casas ollerías” proveían del ajuar de cocina y mesa. Por otro lado están los “hornos de hazer ladrillo y texa”, con estructuras propias como las de la tejeras. Ángel Rodríguez, profundo conocedor de este campo, nos habla de los “tejeros” (RODRÍGUEZ AGUJERA; BORDES GARCÍA: 2001). Estos artesanos se encargaban de la producción de los materiales propios de la construcción y, ocasionalmente, colaboraban con el préstamo de infraestructuras a los olleros. El hecho de que marmitas y azulejos, cerámica doméstica y arquitectónica, aparezcan en una misma cocción y, por tanto, un mismo horno resulta novedoso, ya que no es una situación habitual en los alfares conocidos. Sin embargo, tal y como pone de manifiesto Ángel Rodríguez, durante el siglo XVI no es de extrañar que determinados artesanos no dispongan de horno propio. Esta situación genera soluciones de arrendamiento y uso de hornos de manera compartida entre los diferentes oficios relacionados con la alfarería. La documentación histórica refleja por tanto situaciones en las que se podría explicar la unión de nuestro fragmento de marmita con el de azulejo. Los centros productores de cerámica anteriores siglo XIII no sería relevantes, ya que antes de esta fecha se mantiene, de manera general, que no está extendido el uso de azulejos. De esta cronología postcalifal se pueden citar el Casa de los Tiros en Granada (transición entre los siglos XI y XII); los de la calle Teulada de Denia (entre el siglo XI y XIII); o los ubicados a extramuros de la Bab al-Bayyana de Almería (fechados en el siglo XII). Todos estos hornos se especializan en cerámica doméstica. Para saber más sobre los alfares andalusíes y sus producciones es necesario comenzar con la consulta del coloquio organizado por la Casa de Velázquez Fours de potiers et “testares” médiévaux en Méditerranee Occidentale de 1987, coordinado por François Amigues y André Bazzana, y que marcará un punto de inflexión en los estudios de alfarería. Descargar artículo: Azulejos y marmitas en la misma cocción, de José Domingo Lentisco.    

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