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DEL PATRONATO DE LA ALHAMBRA Y GENERALIFE

10 marzo 2017

La influencia árabe en la lengua española


El español actual es en esencia el resultado de la evolución histórica del latín en una parte de la península Ibérica, por lo que la gran mayoría de sus rasgos característicos proceden de la lengua que trajeron los romanos. Pero a lo largo del tiempo, y con la expansión habida, se han ido incorporando además elementos de origen distinto que, aunque tienen un carácter minoritario, no dejan de ser significativos. El Imperio Romano llegó a tener una vasta extensión territorial y el latín acompañó a la administración y a las legiones romanas en su expansión, por lo que en un período de tiempo relativamente breve esta lengua, hablada inicialmente solo en el Latium (pequeña región de la zona central de la península Italiana), se impuso sobre casi todas las demás a lo largo y ancho de los dominios del Imperio. Ahora bien, el latín hablado en las distintas regiones no era exactamente el mismo. Entre las causas de las lógicas diferencias dialectales cabe citar el hecho de que la conquista de cada una de ellas tuvo lugar en época distinta, a lo que hay que añadir la incidencia del origen geográfico y social de los conquistadores, la influencia ejercida sobre el latín por la lengua que hablaban las nativos del territorio y otras vicisitudes históricas. Por estas y otras razones, con la disgregación del Imperio y la incomunicación que ello conllevó entre los nuevos entes políticos surgidos, se fueron desarrollando paulatinamente formas dialectales cada vez más alejadas del latín clásico, al tiempo que también diferían más entre sí, hasta el punto de que ya no era posible la mutua comprensión entre personas que empleaban variedades distintas. De este modo fueron haciendo su aparición las llamadas lenguas románicas, hijas todas ellas del latín. Tienen, por tanto, como hermanas que son, numerosos elementos lingüísticos comunes y bastantes similitudes en todos los aspectos, pero cuentan también con diferencias suficientemente significativas como para que se consideren lenguas distintas. En el caso del español ha recibido a lo largo de su historia, especialmente en el léxico, diversas influencias, que se ponen de manifiesto en la presencia de palabras de origen prerromano, árabe, griego, germánico o de otras lenguas románicas (sobre todos del francés, occitano, catalán, italiano y portugués), entre otras. El elemento árabe es precisamente un rasgo que singulariza al español (junto con las demás lenguas romances hispánicas y con algunos dialectos del sur de Italia), del resto de los idiomas, románicos o no, de Europa occidental. Resumiendo mucho, se puede decir que el influjo ejercido en cuestiones fonéticas, morfológicas y sintácticas es más bien escaso y no siempre aceptado como tal por todos los especialistas en el tema, pues a veces surgen opiniones discrepantes, que se apoyan en argumentos que, si bien no son concluyentes, al menos generan dudas razonables. En cambio, existe una coincidencia generalizada en cuanto al léxico. Autores cualificados señalan que procede del árabe en torno al 8 % del vocabulario español, es decir unos novecientos términos primitivos que, con sus correspondientes derivados, pueden incluso superar las cuatro mil palabras. Alhambra-de-Granada. Las palabras de origen árabe constituyen así la aportación más importante al léxico español después de la latina. Esta presencia está tan diversificada que se puede afirmar que para referirse a aspectos de casi todos los ámbitos de la actividad humana cuenta el español con arabismos, en mayor o menor medida. El avance de los árabes por diversas tierras les proporcionó conocimientos adquiridos de diferentes culturas, razón por la que alcanzaron una manifiesta superioridad en el terreno científico durante la Edad Media. De ahí que sea destacable el número de voces aportadas al vocabulario en este campo. Eso explica, por un lado, que no pocos términos pasaran también a varios idiomas europeos y, por otro, que una parte de los arabismos tengan su origen primitivo en lenguas diferentes, pues el árabe en estos casos solo fue intermediario y transmisor de cultura ajena. Resultaría prolijo hacer aquí una referencia amplia a los arabismos del léxico español, pero a modo ejemplo he aquí una muestra representativa extraída de varios campos referidos a algunas de las actividades humanas más comunes. Agricultura: aceña, acequia, aceite, acelga, alcachofa, alfolí, algarrobo, algodón, alhelí, aljibe, almiar, alquería, altramuz, alubia, azafrán, azahar, azúcar, azud, berenjena, noria, zanahoria. Artesanía: ajorca, alcaller, alfiler, aljófar, arracada, badana, guadamacil, jarra, marfil, tahalí, taza. Astronomía: aldebarán, auge, cenit, nadir. Casa, construcción, urbanismo: adobe, ajimez, ajuar, alarife, albañal, albañil, alcantarilla, alcoba, alcuza, aldaba, aldea, alféizar, alfombra, almirez, almohada, andamio, arrabal, azotea, azulejo, barrio, jofaina, rincón, tabique, tarima, zaguán. Comercio: aduana, alhóndiga, almacén, almoneda, arancel, arroba, azumbre, cahíz, fanega, quintal, tarifa, zoco. Farmacia y química: alambique, álcali, alcohol, alquermes, jarabe, redoma. Guerra: acémila, acicate, adalid, adarga, alcazaba, alcázar, alfanje, alférez, algara, almena, atalaya, jineta, rebato, tambor, zaga. Instituciones públicas: albacea, alcalde, alguacil, alcabala. Instrumentos musicales: adufe, ajabeba, albogue, añafil, atambor, guzla, laúd, rabel. Juegos: azar, tahúr. Matemáticas: álgebra, cifra, guarismo. Oficios: alarife, albañil, albéitar, alfarero, alfageme, alfayate. Vestimenta: albornoz, aljuba, babucha, jubón, zaragüelles. Una mención especial merecen los topónimos, ya que son muchos los que provienen del árabe.  A título de  ejemplo, citaremos algunos de ellos, bajo la denominación a la que hacen referencia etimológicamente (que a veces no coincide con el referente actual). Castillo: Alcalá, Calatayud, Calatorao. Ciudad: Almadén, Medina, Mecina. Laguna: Albufera, Albuhera. Monte: Gibraltar, Javalambre, Gibraleón. Península (o isla): Algeciras, Alcira. Río: Guadalajara, Guadalaviar, Guadalén, Guadalentín, Guadalfeo, Guadalquivir, Guadalupe, Guadarrama, Guadiana, Guadiaro. Con lo expuesto se evidencia que la principal herencia árabe en la lengua española se manifiesta en el léxico y en la toponimia, con una extensa lista de voces que en la mayoría de los casos se mantienen plenamente vivas. Otras, en cambio, tienen poco uso en la época actual, ya sea porque han sido sustituidas por otras o bien porque han desaparecido de la vida cotidiana los objetos o actividades a que hacen referencia. En cuanto a la estructura gramatical, los elementos árabes que han pervivido (el sufijo –í, la preposición hasta, la interjección ojalá, el artículo al adherido a muchas palabras y algunos más) son realmente escasos.   Bibliografía. CANO AGUILAR, Rafael (2008): El español a través de los tiempos, Madrid: Arco Libros. CORRIENTE, Federico (1999): Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance, Madrid: Gredos. - (2008): “El elemento árabe en la historia lingüística peninsular: actuación directa e indirecta. Los arabismos en los romances peninsulares (en especial en castellano)”, en cano aguilar, Rafael (Coord.): Historia de la lengua española, Barcelona: Ariel. GARCÍA SÁNCHEZ, Jairo Javier (2007): Atlas toponímico de España, Madrid: Arco Libros. LAPESA, Rafael (1980): Historia de la lengua española, Madrid: Gredos. PENNY, Ralph (2008): Gramática histórica del español, Barcelona: Ariel. TORRENS ÁLVAREZ, Mª Jesús (2007): Evolución e historia de la lengua española, Madrid: Arco Libros.

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