La vegetación de la Alhambra

Los espacios verdes del Conjunto Monumental de la Alhambra y Generalife, constituyen una magnífica colección de especies vegetales procedentes de diferentes lugares del mundo, especies que fueron introducidas en diferentes épocas y momentos históricos.

Los espacios verdes del Conjunto Monumental de la Alhambra y Generalife, constituyen una magnífica colección de especies vegetales procedentes de diferentes lugares del mundo, especies que fueron introducidas en diferentes épocas y momentos históricos.

La diversidad vegetal existente en los espacios verdes de la Alhambra y del Generalife es muy elevada. Sólo el número de plantas ornamentales supera las 700 especies diferentes. En el anexo (Flora en la Alhambra) están representadas las 365 más frecuentes. De todas ellas, aproximadamente un tercio se utilizaban en los jardines en la época árabe, mientras que el resto son especies introducidas y usadas posteriormente.

De las diversas especies empleadas en época medieval, las que se caracterizan por sus flores llamativas, adquieren una especial y habitual presencia en los jardines hispano-islámicos. Estas vistosas especies, además de poseer formas y colores sugerentes, inundan también con sus agradables fragancias los espacios donde se encuentran situadas. Cabe destacar entre ellas, las rosas (Rosa sp.), claveles (Dianthus sp.), violetas (Viola odorata L.), alhelíes (Erysimum cheiri L. Crantz Classy Mathiola incana L.), lirios (Iris germanica L.), adelfas (Nerium oleander L.) o nenúfares (Nymphaea alba L.).

Otras plantas carentes de flores eran seleccionadas exclusivamente por su aroma, es el caso de la albahaca (Ocimum basilicum L.), el orégano (Origanum sp.), el toronjil (Melissa officinalis L.), la menta (Mentha sp.), el tomillo (Thymus sp.), el romero (Rosmarinus officinalis L.) o el espliego (Lavandula sp.). Entre todas ellas, jazmines (Jasminum sp.), cítricos (Citrus sp.), o cipreses (Cupressus sempervirens L.), desempeñaron un papel preponderante en la tradición jardinera islámica medieval.

La vegetación del Conjunto Monumental ha ido modificándose con el paso de los siglos, no sólo en cuanto al número y variedad de especies, sino también en lo que se refiere a las técnicas y estilos de cultivo y mantenimiento. A las especies de tradicional uso en época nazarí, como el alhelí, el lirio, el jazmín, el ciprés, el naranjo amargo o la azucena, se han ido incorporando muchas otras procedentes de otras regiones y continentes, las cuales se consideran en la actualidad plenamente arraigadas a la jardinería granadina; como el boj, el macasar, el geranio, la aspidistra, la glicinia o la rosa de pitiminí.

Una de las especies más representativas de los jardines del Conjunto Monumental, es sin lugar a dudas, el arrayán. Este arbusto, considerado en el mundo árabe como planta con “báraka” (con bendición, oculta e invisible), posee un denso y oloroso follaje. A lo largo de diferentes siglos, ha sido empleado como ejemplar aislado y recortado en setos, utilizado en todas las épocas y en casi todos los jardines de la Alhambra, destacando por encima de todos su uso en el patio de arrayanes. El nombre de esta peculiar especie proviene del árabe al-rayhan, “el aromático”, debido al aroma que desprenden sus hojas al frotarse. Su profuso uso, se debe sin duda, a las diversas cualidades que atesora: su fina textura, su relativamente rápido crecimiento, sus delicadas y perfumadas flores blanquecinas, o su capacidad de aceptar la poda para la formación de setos y otras formas artísticas, mediante el recorte con tijeras de podar, práctica jardinera denominada arte de la topiaria.

Entre sus numerosas variedades, adquiere especial significado el llamado “arrayán morisco” (Myrtus communis L. subsp. baetica Casares & Tito), de hojas de mayor tamaño, cuya presencia en el territorio de la Alhambra viene ya citada en textos de los siglos XVI y XVII. Ha sido utilizado con anterioridad de forma significativa en espacios ajardinados granadinos, dato que contrasta con la situación actual, conformada por unos pocos ejemplares dispersos en el recinto monumental, algunos de ellos centenarios. Por ello, su estudio, recuperación y multiplicación, es objetivo destacado en la actualidad por parte del Patronato de la Alhambra y Generalife.

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